Crianza en el día a día

Los terribles dos

Todos hemos oído hablar alguna vez de niños llorones, que tienen berrinches, que se portan mal, que no paran quietos, que pegan o que gritan sin parar. Pero nadie sabe lo que es eso de “los terribles dos” hasta que lo vive. Es ese tipo de secretos que las madres no cuentan. No sé si por maldad o por piedad pero el caso es que no muchos progenitores saben de qué va la copla hasta que su tierno, dulce y sosegado bebé empieza a dejar de serlo para convertirse, a ratos, en un gremlin mojado.

Pero exactamente, ¿en que consiste esto de “los terrribles dos”? Pues básicamente se trata de la unión de esos niños de los que antes hablábamos (los que gritan, los que se enrabietan, los que lloran y los que pegan) en uno solo: el tuyo. Para que os hagáis una idea, este etapa de los mostruitos es conocida también como la primera adolescencia.

Técnicamente los psicólogos insisten en que es un periodo absolutamente normal, por el que todos pasan, de autoafirmación y construcción de la personalidad propia. De forma natural coincide con una mayor adquisición de autonomía del pequeño y eso le conducirá a intentar conseguir todo lo que quiera en el preciso momento que lo desee. A eso se le junta que, obviamente, un babymonster de esa edad está muy lejos de poder manejar correctamente toda la frustración que le van a suponer los límites de los adultos.

Esto dicho así suena hasta comprensible; pero la realidad se traduce en que de pronto el mini mostruito de turno solo sabe decir que no a todo; pretende imponer su voluntad a todas horas y, si no lo consigue, grita, llora, patalea y monta el pollo con independencia del sitio o el momento. De hecho, los lugares públicos como restaurantes, tiendas o supermercados son sus escenarios favoritos. Para aquellos que sufrís pudor por este tipo de situaciones os diré que cuando estos episodios se suceden, el resto de padres no os mira con reprobación, sino con alivio. Nadie piensa “uy qué niño más maleducado”… todos pensamos “uff, menos mal que el mío ahora va tranquilo”.

Por si fuera poco, y con poco margen de error, las mayores perretas de los angelitos siempre coincidirán con esos días terribles en los que has tenido un día horrible en el trabajo, te duele la cabeza, has discutido con tu pareja y/o estás agotada… ¿Casualidad? Noooooo. Mi instinto maternal me dice que los adorables mostruitos huelen la debilidad; pero lo cierto es que el nivel de estrés de los progenitores también acentúa este tipo de berrinches.

Y entonces aquí siempre surge la preguntadel millón: ¿Qué se puede hacer?

Pues la premisa básica es bastante obvia: hay que armarse de paciencia e intentar empatizar con ese bichejo que pretende salirse con la suya a toda costa. Al fin y al cabo, él está desbordado por las emociones que siente y no las sabe gestionar. Recordemos siempre que nosotros somos los adultos y no debemos entrar en su misma guerra. Las rabietas y las pataletas no se solucionan con más gritos. Tenemos que poder respirar hondo e intentar mantener la calma. Es preferible huir un ratito antes que montar el espectáculo del dúo Pimpinela, a ver quién puede más… eso nunca acabará bien. ¿Y sabes por qué? Porque ganarán ellos… tú acabarás agotada, enfadada y gritando como las locas pero al final, por pura supervivencia, acabarás cediendo. Así que antes de llegar a este punto, respira, cuenta 33 o 1333 y luego enfréntate a la situación con una actitud firme pero cariñosa. Esto no es ceder, es simplemente acercar posturas. De verdad, lo que más necesita un niño que está montando el espectáculo es un abrazo o que se le coja en brazos y le ayudemos a calmarse para luego después poder abordar el dilema… En este sentido, cuando me veo apurada, siempre me recuerdo una frase muy típica del mundo de la crianza que a mí me encanta y que es aquella que dice: “quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite”

¿Fácil, verdad? Pues no, ¡ya lo sé! Pero de verdad que ayuda. Mantener la calma y hacerles sentir arropados en ese momento son los dos caballos ganadores en esta batalla. ¿Qué más cosas ayudan?

  • En primer lugar, creo que por norma general, y siempre que se pueda, generar rutinas ayuda mucho mucho en todas las situaciones. Les da seguridad y eso les hace estar más tranquilos.
  • También es bueno poder anticiparse a la explosión. Es verdad que las primeras veces te pillan de imprevisto, pero luego no. Tú conoces a tus hijos mejor que nadie y los niños son transparentes. Bien, pues cuando detectes esas primeras señales de ofuscamiento es momento de intervenir. Es mejor, si se puede, evitar situaciones que sabemos que no va a saber gestionar a esperar a que se desencadene el drama.
  • Y además, es conveniente irles proporcionando herramientas que les permitan gestionar su ira y su frustración. Hablamos de cuentos, juegos o prácticas respiratorias que, adaptados a su edad, les ayuden a entender mejor qué les pasa.

Y ya para terminar, algún detallín más a tener en cuenta… Por si por en algún momento alguien se ha pensado que uno puede estar prevenido para ello, simplemente, se equivoca. Esto llega sin avisar; así, de golpe, y a veces, incluso antes. Porque por algún chiste semántico que se me escapa los terribles dos suelen llegar en torno a los 18-20 meses.

Y ¿cuándo se pasa? Pues para ser realistas, la mayoría de las veces “los terribles dos” se convierten en “los terribles tres” y en algunos casos hasta los cuatro. Cierto es que, según va pasando el tiempo, las rabietas y las pataletas de los mostruitos irán disminuyendo en tiempo y forma. Es decir, cada vez se espacian más, son de menos intensidad y son más cortas. Cómo es lógico esto no es matemática pura y dependerá mucho del carácter del monstruito, de la gestión emocional que hagamos en estas situaciones y de la adquisición del lenguaje ya que, según vayan consolidándolo, cada vez tendrán más herramientas para poder ir expresando sus necesidades y deseos de forma más pausada.

Así que desde aquí solo os puedo mandar mucho ánimo si estáis viviendo este momentazo. ¡Nosotros estamos a tope! Es verdad que la mostruita mayor cada vez está más comedida en este aspecto pero como no nos gusta aburrirnos, mostruito C está cogiendo el relevo por momentos. Es por ello por lo que todos los días me repito a mí misma que la paciencia y el cariño son nuestros mejores aliados. Unas veces lo hago mejor y otras menos… pero bueno, en caso de perder los nervios (que es muy lícito) no hay nada que una disculpa mutua y unos abrazucos no puedan arreglar.

¿Y vosotros? ¿Cómo lo gestionáis? ¿Qué os funciona?

3 comentarios en “Los terribles dos”

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