Crianza en el día a día

Dulces sueños…

“Afortunados los padres que poseen hijos dormilones porque de ellos será el reino del descanso“… Y otros, sin embargo, nos hemos tenido que acostumbrar a dormir poco, mal y casi nunca. ¡Qué le vamos a hacer!

Y sí, como ya habréis intuido, el papá de los monstruitos y yo hemos pertenecido durante mucho tiempo a ese grupo de padres ojerosos que miraban con indignación a los que cada mañana mostraban un rostro fresco y descansado.

Porque una cosa os voy a decir: la insolidaridad es una cosa muy fea entre progenitores. Y siempre, siempre que me he encontrado en una situación delicada (digamos,por ejemplo, dándome cabezazos contra la máquina de café del trabajo por no haber pegado ojo en toda la noche) se oye una voz que dice: uy! Yo no sé lo que es eso; los míos siempre han dormido del tirón. ¿En serio? ¡No me lo cuenteeeeees! Eso está mal. Es feo. Y además, ¿por qué sientes la necesidad de contármelo en este momento? ¿Tu idea era hacerme sentir mejor? No lo estás consiguiendo y de hecho espero que no tengas que pedirme ningún favor en los próximos quince lustros porque siempre recordaré que tus babymonsters duermen doce horas diarias… que sepas que me caes fatal en estos momentos…

¡En fin! Vayamos al origen de la historia. Siempre me acordaré (ya lo vaticinó el buen hombre) del día que, en la primera revisión del pediatra, cuando mostruita M tenía solo 15 días de vida le mostramos al doctor cierta inquietud por el hecho de que la pequeña dormía prácticamente todo el día. Me miró por encima de sus gafas y se sonrío. “Los recién nacidos duermen hasta 18 horas al día. No tenéis de qué preocuparos. Seguro que algún día os acordáis de esto” ¡Joe con el visionario! Monstruita tiene 4 años y aún tengo grabada esa frase a fuego. Aunque, todo sea dicho, el hombre fue amable, porque se podía haber desternillado de risa en nuestra propia cara, la verdad. ¡Primerizos pringados!

Tal y como el buen pediatra dijo que pasaría, aquellos días en los que mostruita M dormía como un lirón duraron menos que un caramelo en la puerta de un colegio. Y en menos de lo que aquí te cuento la pequeña babymonster cogió la costumbre de despertarse cada dos por tres… Durante el primer año de vida, quisimos que la mostruita colechara con nosotros por diferentes motivos (lactancia materna, apego… ya hablaremos otro día del colecho). En aquellos momentos era sencillo; los despertares eran cortitos y cuando lo hacía, buscaba rápidamente el pecho y se volvía a quedar frita. Pero según fue avanazando el embarazo de su hermanito pensamos que sería buena opción pasarla a su habitación. Tendría entonces unos 14 meses, aproximadamente. ¡Y claro, la cosa cambió!

Nos resultó súper fácil que mostruita se quedara a dormir en su cama; ese nunca fue el problema. Yo me acostaba con ella, le leía un cuento, le daba pechito y enseguida conciliaba pero podía durar dormida, no sé… ¿una hora? Mi adorable mostruita podía despertarse unas siete, ocho o nueve veces en la misma noche. Y ahí estaba mamá, de cama en cama y tiro porque me toca. La verdad es que no sé cómo nos manteníamos en pie a la mañana siguiente, pero el caso es que lo hacíamos. Porque de una cosa estoy segura; el cuerpo humano es sabio y se acostumbra a casi cualquier cosa. (Eso sí, y entre nosotros, no respondo frente a la calidad de las clases que pude dar en esa época.. 🤣🤣🤣)

Pero no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante (que dice Shakira) y un par de meses antes de que mostruito C llegara a nuestra familia, la mostruita primogénita se destetó ella solita de forma natural y la cosa cambió. De pronto era capaz de dormir hasta 6 y 7 horas del tirón. ¡No nos lo podíamos creer! ¡Qué maravilla!

Todo iba mejorando hasta que mostruito C hizo su aparición en escena… al principio parecía que le habíamos cogido el tranquillo. Mostruita M dormía en su habitación casi del tirón; Mostruito C con nosotros, a ratos en la cuna, a ratos en la cama… pero bueno, nos apañábamos bien. Pero claro, la pequeña primogénita no tardó mucho en darse cuenta de que el recién llegado había usurpado su hueco entre nosotros y el monstruo de los celos hizo su aparición…

Así que una noche que se despertó y lloraba a mares porque no quería volver a dormirse, y menos en su cama, mantuvimos la siguiente conversación:

  • Es que yo soy la única que duerme sola ¡y eso no es justo!
  • Ya, cariño, pero es que tú eres muy mayor para dormir con mamá.
  • ¡Pues papá es más mayor que yo y duerme con máma!

Vale… Mostruita 1 – Progenitores 0… Nota aclaratoria: en aquel momento el angelito no había ni cumplido los 3…

Total, que tuvimos que redistribuir la logística y de pronto éramos 4 en la cama grande. Esto en invierno puede estar bien, pero así, por primavera-verano, resulta un poquito agobiante, digamos. Por no hablar de que si ya se dice que “tres son multitud”, ¡imaginaos cuatro! Definitivamente, aquello no parecía una buena solución.

Es verdad que por aquel entonces empezaron a despertarse cada vez menos, así que en un alarde de valentía decidimos pasarlos a los dos a la misma habitación, para que durmieran juntos. ¡Menudo desastre! Aquello era una juerga continua… se despertaban el uno al otro y no había forma de dormir.

Así que hicimos un último intento… Aunque nuestra idea era (y sigue siendo) que los mostruitos compartan habitación, decidimos que, por lo menos de momento, durmieran en dormitorios diferentes. Y ¡bingo! Todo mejoró. Tanto, que así seguimos.

A día de hoy los monstruitos duermen, por norma general, razonablemente bien. O eso me parece a mí que todavía tengo el recuerdo de las noches en vela muy reciente… Es rara la vez que los dos duermen del tirón. De hecho, la primera vez que sucedió me desperté sobresaltada a las 8am de la mañana porque pensé que les había pasado algo. Y no, ahí estaban los babymonster en modo angelito durmiendo tan tranquilos.

Pero, cómo os decía, y aunque es poco frecuente que durmamos fenomenal, la mostruita mayor cada vez lo hace mejor y los despertares del pequeños son pocos y muy cortitos. Así que, definitivamente ¡estamos en el buen camino!

Porque como me dijo una vez mi amiga Mercedes (una sabia integrante del grupo mummies, mi oráculo de referencia): “ahora no lo ves, pero nada dura eternamente”. Y en eso estamos… vislumbrando el final de un duro túnel. Así que desde aquí, solo os puedo decir que ¡mucho ánimo a todos los papás y mamás de mostruitos insomnes! Pasará, seguro, y algún día os reiréis de esto.

2 comentarios en “Dulces sueños…”

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