Crianza en el día a día

¡Disfrazarse toca!

¡A mis adorables monstruitos les encanta disfrazarse! Esto no siempre fue así, la verdad. Hubo un tiempo en el que cuando llegaban los días de carnaval, Navidad o San Isidro llevábamos el disfraz de mostruita M en una bolsa a la escuela infantil porque en casa no consentía disfrazarse. Y este año, monstruito C nos hizo la misma. Para la fiesta de febrero, él solo quería ponerse sus gafas de sol. Y así tuvo que ser, claro. Yo en estos casos siempre recurro al manido “pero si todos los niños van a ir así”. Pero ni con esas, mis pequeños monsters siempre han demostrado tener mucha personalidad y les importa muy poquito lo que hagan los demás. He de confesar que esto me enorgullece, pero a veces me resulta un poquito difícil de gestionar.

En cualquier caso, la cuestión ahora es radicalmente opuesta. De hecho, están aprovechando esta cuarentena para sacar del baúl de los disfraces cada uno de los mil atuendos que hay y para ponérselos todos, toditos. Cada vez que deciden jugar a los carnavales, su cuarto se convierte en el backstage de un lujoso desfile de moda. Vamos, nada que envidiar a la Cibeles Fashion Week.

Porque, obviamente, no se ponen un disfraz y ya…¡noooooo! Hay que probárselos todos, o casi todos al menos. Y luego, hay que combinarlos entre sí. Vosotros no lo sabéis pero el vestido de Blancanieves queda genial con los pantalones de chinita y la espada de templario es el complemento perfecto para el disfraz de perro. Si además, le puedes añadir el gorro de enanito, ¡pues tanto que mejor!

Y es que lo bueno es que en ese baúl hay de trajes de todo: chulapa, elfo navideño, chinita, perro, Blancanieves, lobo, Cenicienta, enanito, templario, bailarina, cocinero, princesa calabaza, calabaza a secas, pingüino… Además, a esta colección de trajes hay que añadir una serie de complementos imprescindibles como son un antifaz de elefante, unos gorros de cerdito, un sombrero de unicornio con luces incluidas, unos zapatitos de “cristal”, tres o cuatro diademas con lazos rimbombantes y una careta de pirata. Pero, ¡ojo!, que no todo tiene el mismo valor. Todas en nuestros armarios tenemos ropa que solo usamos para casa, prendas que utilizamos para el día a día y luego está ese maravilloso vestido de gala que solo te pones en ocasiones especiales. Pues aquí igual.

Hay un ranking de disfraces. Igualito que en la vida misma. Hay un top ten que, en el caso de mi pequeña monstruita M, está encabezado por un vestido de bailarina todo rosa con un tutú con brillantina y una Peppa Pig dibujada en el mallot. Este outfit combina perfectamente con unos calentadores purpurinosos y unas bailarinas rosas brillantes. Una cosita discreta y nada cursi, por cierto. El monstruito C, sin embargo, no tiene una prioridad tan clara; por norma general, se mueve entre querer ser un perrito pachón o un temible templario. Esta dualidad me desconcierta un poco, la verdad. Aunque, siendo sinceros, cualquier cosa le contenta. Me pregunto si está actitud frente a la ropa será definitivamente una cuestión de género.

Lo más gracioso del asunto, es que lo que no entienden los pequeños monsters es que no todos son de la misma talla. Pero les da igual; no sé cómo lo hacen pero el caso es que consiguen enfundarse en ellos con una facilidad pasmosa. Eso sí, si algún día su santa madre (es decir, yo) pretende ponerles un jersey un poquito justo, esa prenda concretamente les aprieta, les molesta y les tira. Pero el disfraz dos tallas más pequeñas les entra divinamente, oiga.

La parte positiva es que cuando se aburren de tanta jarana, metemos todos los disfraces en el baúl y ¡ya está! Es de las cosas más sencillas de recoger.

Así que parece que hemos dado con la tecla y esto de quitarse y ponerse indumentarias varias, caretas y accesorios les entretiene un montón. Pueden pasar largos ratos imaginándose que son diferentes personajes y juegan a emular situaciones que son, a todas luces, disparatadas. Pero se mueren de la risa. Y yo, que les observo desde la distancia divertida, me muero del amor.

¡Qué le voy a hacer! Pero me encanta verles disfrutar con algo tan “de toda la vida” como es el hecho de jugar a disfrazarse. Y si encima lo hacen juntos… ¡qué os voy a contar!

¿Y los vuestros? ¿Les gusta también disfrazarse?

Sin embargo

1 comentario en “¡Disfrazarse toca!”

  1. Sensacional mezcla de princesa-bailarina-gheisa y templario-perrito-ciclista¡¡¡¡¡ Lo importante es ver cómo se divierten y además, juntos. Maravillosos pequeños monstruitos, deliciosos personajitos.

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