Reflexiones personales

Gratitud ante la adversidad

Giftpundits.com

Van pasando los días y el ánimo, a ratitos, va decayendo. Es normal. Lo que al principio afrontábamos con ganas y optimismo ahora lo enfrentamos con hastío y, desgraciadamente, también con mucho dolor en algunos casos.

Por eso doy gracias a Dios todos los días de pertenecer a esas familias que solo están cansadas por el confinamiento y no ser del grupo de las que están rotas por el miedo o el dolor. Este planteamiento me ayuda a enfrentar cada día con una óptica de color esperanza. Porque es ahora, cuando las fuerzas flojean, cuando hay que ser más fuertes. Y es que creo que, como dice el refrán, “es de bien nacidos ser agradecidos”. Y en la gratitud encuentro muchas veces la mejor de las lecciones de vida. Es, sin duda, uno de los valores que más me importa transmitir a los peques. De corazón creo que ser agradecidos les hará ser más felices y mejores personas.

Mi mejor ejemplo de resiliencia son mis adorables mostruitos. Están cansados, sí. Protestones y algo más irascibles. Pero no hay día que no les oiga reír o cantar por la casa. Mi hogar está lleno de vida y doy gracias por ello.

El padre de las criaturas está teletrabajando. En condiciones que no son fáciles; con mucho estrés. Con situaciones rocambolescas que desde una oficina se solucionarían rápidamente y desde casa es complicado. Supone un esfuerzo extra. Y yo, aunque ya estaba de baja antes de que empezara todo esto, mantengo mi puesto en la universidad. Pero pienso en las familias que se han quedado sin trabajo debido a la pandemia y me siento enormemente agradecida de poder conservar nuestros trabajos.

Echo de menos a mis familiares, a mis amigas, unos están más cerca que otros, pero todos lejos, al fin y al cabo. Sin embargo, hablo con ellos a diario, nos escribimos mensajes, nos mandamos vídeos y bromas. Estamos todos bien. Y sé que soy tremendamente afortunada por ello.

Añoro la libertad perdida, el salir y entrar a mi aire, los planes de fin de semana en familia, los viajes, los paseos, el mar y la montaña. Pero pienso que cada vez lo tenemos más cerca y que tengo recuerdos maravillosos de haber disfrutado muchísimo y me sonrío pensando en que pronto volveremos allí. Somos privilegiados por ello.

Veo en los telediarios las cifras de los fallecidos y los contagiados; pero me emociona la felicidad de los que vuelven a casa y también veo la fuerza, la constancia y el tesón de todos los sanitarios y agradezco infinitamente vivir en un país que tiene una sanidad como la nuestra.

Sinceramente, no sé si queda mucho o poco. Pero estoy segura de que cada vez queda menos. Y, si como yo, tienes la suerte de simplemente estar “harto de estar en casa”, creo que en este momento toca hacer un ejercicio de reflexión. Respiremos hondo y afrontemos esto con tranquilidad y gratitud, al menos aquellos que tengamos motivo para ello. Aprendamos a reencontrarnos, a aceptar nuestras limitaciones, a sonreír a los impedimentos y a ser agradecidos por todo lo que aún tenemos.

Y a todos aquellos que, por desgracia, hoy habéis dejado de confiar y sentís que no tenéis tanto que agradecer os mandamos mil millones de ánimos y abrazos. Abrazos de los fuertes; de esos que hasta agobian un poco; de esos que tantas ganas tenemos todos de dar.

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