Reflexiones personales

La culpa no fue del cha cha chá; ¡fue tuya!

Maitena

Hay muchas cosas inherentes a la maternidad: las ojeras, el instinto protector, las toallitas en el bolso, las prisas, las migas en el coche, los despistes, el móvil lleno de fotos de los enanos… Como es lógico, dependiendo del número de babymonsters que se tenga y la edad de los mismos estos factores pueden variar o aumentar de intensidad.

Sin embargo hay algo que acompaña a todas las madres que conozco, una servidora incluida, y esto es el sentimiento de culpa.

Es algo complicado de explicar, la verdad, pero ocurre. Tarde o temprano (y generalmente más pronto que tarde) siempre aparece. Es como si el día del parto, mientras das a luz alguien te pinchara una ración de culpa. Entre la vitamina k y la vacuna de la hepatitis, ahí te la cuelan.

Irremediablemente forma a pasar parte de esa mochila que te acompañará el resto de tus días. Es así y, lamentablemente, todas lo sabemos. Lo que pasa es que, como todo en esta vida, hay quien la lleva con más elegancia, quien la gestiona mejor e incluso se dice que existe quien consigue no hacerle demasiado caso a esa sensación hostil. Pero todas en algún momento la sentimos.

¿Que el peque se resfría? La culpa es tuya por no abrigarlo bien. ¿Que no coge peso? La culpa es tuya que tu leche no vale. ¿Que se cae? La culpa es tuya por no estar atenta. ¿Que es gritón? La culpa es tuya por no educarlo bien. ¿Que duerme mal? La culpa es tuya por acostumbrarlo a los brazos. ¿Que tiene cólicos? La culpa es tuya por no sacarle bien el aire. ¿Que es introvertido y se relaciona regular? La culpa es tuya por no llevarlo a la escuela infantil. ¿Que está mimado? La culpa es tuya por dejarlo con los abuelos. ¿Que tiene erupción en el culete? La culpa es tuya por no cambiarle el pañal tan a menudo como deberías. ¿Que el angelito suspende? La culpa es tuya por no estar pendiente de sus tareas. ¿Que no habla todo lo bien que debería para su edad? La culpa es tuya que no lo estimulas. ¿Que está agotado? La culpa es tuya que le apuntas a muchas extraescolares. Y así, ¡suma y sigue! Suceda lo que suceda… ¿adivinas quién es la última responsable?

Es un plus en tu curriculum. Va con los besos pringositos y las manchas. No te puedes librar de ella. ¿Eres madre? Eres culpable.

Y estos son solo algunos ejemplos de las faltas tan terribles que comentemos las mamás en la primera infancia. No os quiero ni contar cuando los mostruitos entran en la adolescencia… Si te descuidas, la muerte de Manolete y el golpe de Estado de Tejero también son culpa tuya.

Pero, además, si encima trabajas y triunfas profesionalmente o tienes un puesto de responsabilidad, apaga y vámonos. Esas mujeres no necesitan perfume alguno; rezuman culpa por cada poro de su piel. Todo todo y todo lo que les suceda a sus adorables monstruitos será inexorablemente culpa suya.

¡Y es que somos así de tontas! ¿por qué sabéis lo peor? Que las peores inquisidoras somos nosotras mismas. Torquemada a nuestro lado, un alma misericordiosa.

Es verdad que, como ya hemos comentado en un post anterior, muchas veces las madres somos examinadas o criticadas por entes externos. Pero no nos engañemos; las primeras que nos juzgamos (y además muy duramente) somos nosotras mismas. Podemos ser amables y consideradas con mamás amigas pero si hablamos de nosotras mismas no conocemos benevolencia alguna. Sin piedad, sin miramientos. Somos duras como el hierro y nada empáticas cuando evaluamos nuestras propias acciones. Y esto es, sencillamente, terrible. Terrible, agotador y frustrante. Muy frustrante.

Son muchas las lágrimas que se escapan por la culpa. Muchas horas de sueño perdidas en pos de ese sentimiento de responsabilidad absurdo. Mucho desgaste; mucha insatisfacción… ¿y lo peor? Que nos la atribuimos de forma injusta, de verdad. Así que desde aquí os animo a que todas nos relajemos un poco; seamos conscientes de que a los peques les pasan y les pasarán mil cosas y muy muy pocas de ellas son en realidad consecuencia de nuestra forma de ser o actuar. Disfrutemos de la aleatoriedad de la vida y dejemos que las cosas sucedan de forma natural sin sentirnos culpables constantemente. Mucho más que alimentos sugar free, los mostruitos se merecen mamás libres de culpa.

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