Crianza en el día a día

De cuentos chinos y leyendas

Giriguajos: dícese de unos bichos horribles que les salen en la cabeza a los niños que no se peinan. Tienen cabeza de elefante, cuerpo de mosca y pies de cocodrilo.

Sí, aunque no os lo creáis, funciona. Monstruita M tiene muy interiorizado el hábito de peinarse gracias a estas temibles criaturas.

Del mismo modo, los dos monstruitos saben que a los niños que se levantan de la cama en la hora de la siesta les salen manchas verdes en los pies y por eso las mamás sabemos exactamente cuando han estado tranquilitos o no. Reconozco que este truco me funciona peor; debe ser que las pintas en los pinrrelillos les impresionan menos.

¿Y sabéis qué? Mamá se come a los niños que se portan muy mal; de hecho, antes tenían dos o tres hermanos más. Una lástima que fueran tan desobedientes.

Y es que hay que portarse bien porque el hada de los bosques les espía todo el rato para saber cómo lo hacen y chivárselo a Papá Noel y Los Reyes Magos.

Es muy importante cuidar mucho alimentación, también. A los niños que comen muchos dulces les entran bichos malos en la tripa que bailan y saltan y son muy molestos. Esos bichos malos también llegan al cerebro si se ven muchos dibujos.

Por no hablar de que al Monstruito C le tengo dicho que si no se pone sus aparatitos (audífonos) le van a crecer las orejas como a Dumbo.

Además, por las noches hay unos señores que se llevan las calles y por eso no se puede salir; una versión como otra cualquiera del típico “las calles no están puestas”,vamos. Algunas noches, incluso, la policía ha llamado a nuestra casa para saber si los monstruitos están ya dormidos.

Sin embargo, los “malos” de los cuentos (madrastras, ogros, brujas, etc.) solo existen ese ratito, luego vuelven a su país de malvados y no salen nunca más, así que no hay que tenerles miedo.

Al igual que los “icos” que son los únicos animales que no consiguieron montarse en el arca de Noé y por eso no sabemos cómo son. Ya lo dice la canción, o eso entiendo yo.

Y así suma y sigue porque, por si no lo sabíais, sus omóplatos son residuos de esa vida anterior en la que eran hadas… Además les hago hechizos y puedo convertirme en casi cualquier personaje de sus cuentos favoritos. ¡En fin! Que por unas cosas o por otras me doy cuenta de que los monstruitos viven en un mundo de fantasía que yo misma he creado.

Es verdad que muchas no son ideas mías, sino leyendas de toda la vida un poco modificadas. Y es cierto también que algunas no dejan de ser “amenazas” veladas, por lo que no tengo muy claro su valor pedagógico, pero ¡no lo puedo evitar! Debe ser mi vena literaria.

De hecho, he de reconocer que me fascina su cara de asombro cuando les cuento estas cosas. Y me encanta todavía más cuando la Monstruita M, que ya empieza a sospechar, me mira con escepticismo y me pregunta si eso que le estoy contando es broma o es verdad. En ese momento me reafirmo todavía más en mi historia y entonces se le iluminan los ojitos.

Aunque últimamente me pregunto si no se nos está yendo de las manos el asunto porque cada vez que Monstruito C rompe o pierde algo nos dice que ha venido un guau guau grande y que ha sido él. Lo lleva en los genes, me temo.

¿Y vosotras? ¿Le contáis alguna mentirijilla a vuestros monstruitos?

1 comentario en “De cuentos chinos y leyendas”

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