Crianza en el día a día, Reflexiones personales

Me declaro Blandi Blu

Ayer parecía que iba a ser una buena tarde, en lo que a los monstruitos se refiere. Mientras papá monster estuvo trabajando, nosotros aprovechamos para hacer un poquito de tarea y luego jugar un rato. Ellos estaban tranquilos, y yo también.

Pero con niños de por medio todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. ¡Y así fue! De pronto, todo se tornó feo en el momento de la recogida de juguetes. ¡Chicos, vamos a recoger! Y como por arte de magia, en ese instante, mis adorables monstruitos parece que dejan de entender mi idioma. Es un fenómeno que ocurre mucho en mi casa. ¿Os suena?

El caso es que, al principio, lo planteé de forma muy tranquila. – Venga chicos, vamos a cantar la canción (a guardar, a guardar, cada cosa en su lugar). Y nada. Ellos cantar, cantaban, pero solo recogía yo. Otro intento: Monstruitos, por favor, ya nos toca recoger. (Que conste en acta que me incluyo porque tienen cuatro y dos años y medio, respectivamente). -Chicos hay que ordenar esto antes de cenar. Nada. Agua. Y no sé en vosotros, pero en mí esta situación provoca una relación perfecta e inversamente proporcional, es decir: cuanto menos caso me hacen, más me ofusco yo.

No sé cuantas veces lo dije amigablemente antes de que se desencadenara el drama. Pero cuando me quise dar cuenta, me habían ganado la batalla. Yo ya había perdido la paciencia y estaba enfadada. Monstruita M lloraba y protestaba a partes iguales. Monstruito C danzaba a su aire sin hacer caso a nada ni nadie, como si la cosa no fuera con él… ¡un cuadro! Todos cada vez más desbordados de emociones. Llanto, enfados, algún que otro grito…

En fin ¡un desastre! ¿y lo peor? Que acabé recogiendo sola sus cachivaches mientras juraba (en vano) que el próximo día iba a coger una bolsa y todos los juguetes iban a ir a la basura.

Menos mal que papá monster regresó en ese momento de sacar a Coco y puso un poco de paz. Nos calmamos, les explicamos a los monstruitos con mucha paciencia que sus juguetes son responsabilidad suya, hubo promesas de enmienda por su parte y conseguimos cenar en una relativa calma; sabiendo que, como consecuencia de lo que había pasado por la tarde, en cuanto terminaran se tendrían que ir a dormir directamente.

Y así fue. Ya sin enfados pero firmes, cuando el tiempo de la cena se acabó los peques fueron enviados a la cama sin demasiadas protestas por su parte. Así que cuando ya estaban acostados, yo me puse a escribir el post del blog. Pero he de confesar que estaba escribiendo unas líneas diferentes a estas. Estaba enfadada, más conmigo misma que con ellos, en realidad, por lo mal que había gestionado el asunto. Y estaba intentando ironizar sobre la obediencia (o más bien, la falta de ella) en los pequeños monstruitos para desahogarme un poquito.

Y en ese momento, unos pasitos que intentabas ser sigilosos sin conseguirlo aterrizaron en el salón. Venían los dos, de la mano, con cara de no haber roto un plato en su vida. – Mamá, ¿nos lees un cuento, por favor? Con una voz de angelito educado que cualquiera decía que no.

Así que dejé el blog y me fui a la cama con ellos. ¡Cómo me alegro de que viniesen a buscarme! Y es que tumbaditos en la cama las cosas se ven de otra manera.

Tuvimos un rato maravilloso de mimos, caricias y besitos. Leímos tres cuentos, jugamos un poquito y al final, mientras monstruito C se quedaba dormido en mis brazos, la monstruita M y yo tuvimos una de esas conversaciones, sólo de chicas, que tanto nos gustan. Justo antes de cerrar los ojitos, me preguntó: Mamá, ¿ya estás contenta? ¡Y se quedó frita!

Pues ¡cómo no iba a estarlo! Si es que son mi debilidad. Intensitos, sí. Moviditos, también. Pero dos adorables monstruitos, al fin y al cabo.

Y sí, soy blanda. Lo reconozco. Los enfados me duran poco. No lo puedo evitar. Y tampoco quisiera que fuera de otra manera, la verdad, pero a veces me pregunto si no sería mejor para ellos tener una madre un poco más estricta. Pero no me sale, honestamente. A veces, el papá de las criaturas me dice que siempre les disculpo todo y puede ser que sea así, no lo sé, pero es que no sé hacerlo de otra forma… (que conste que el papa monster tampoco es mucho más duro que yo, eh?)

Creo firmemente en educar desde el corazón y a mí lo que me pide el corazón es ser empática e intentar entender que son niños pequeños y que si en ocasiones se portan “regular” es porque están aprendiendo. Ya os he dicho que incluso cuando alguna vez me han hecho alguna trastada “gorda” lo que me pide el cuerpo es reírme. Y cuando se ponen en modo rabieta lo que me sale de dentro es arrodillarme a su lado e intentar abrazarlos.

¿Soy muy ingenua? Puede ser. A veces pienso que me toman el pelo y ¡eso me lleva a los mil demonios! A ver si va a estar una aquí sacando su artillería de oso amoroso y los monstruitos burlándose de mí.

Sin embargo, este pensamiento es fruto del enfado por eso sé que no es muy racional. Si lo medito tranquila veo claramente que lo que más necesitan mis hijos en esos momentos difíciles es mi flexibilidad y comprensión. Al fin y al cabo, todavía no saben gestionar sus emociones. ¡Pero si a veces no las sabemos gestionar ni los adultos!

En fin, que en estos momentos siempre intento quedarme con una frase bonita que dice así: “quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite”. Y en esas estoy, ¡queriendo a los adorables monstruitos más que nunca!

3 comentarios en “Me declaro Blandi Blu”

  1. Ellos siempre merecen nuestro cariño. No puede ser de otra manera. Son pequeñas trastadas de angelotes y siempre disculpables tras un beso y un abrazo a tiempo (y ellos lo saben, glups)

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    1. jajaja Me encanta Elena! bueno, esa es la batalla de cada día. Lo importante es que ellos siempre sepan que a pesar de que te enfades, estás ahí, disponible para ellos y dispuesta a darles mimos y achuchones. Que no tiene nada que ver saber poner límites con ser una madre estricta, por que de hecho, en la educación como en el resto de cosas en la vida, (y bajo mi punto de vista, claro) es más productivo ser flexible que ser estricto… Adoro a la Monster Family!

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      1. Ay! Nosotros sí que te adoramos! ¡Y te echamos tanto de menos! Menuda situación rollo… ¡en fin! Me consta que tú eres mucho más flexible que estricta y concretamente con la Monstruita M, nada objetiva! Jajajajaja te queremooooos

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