CMV

Cuando un monstruito no oye bien…

Como ya os conté en un post anterior, mi pequeño monstruito C nació contagiado por citomegalovirus (CMV). Y la pérdida de audición o hipoacusia es una de las secuelas más comunes de dicha enfermedad. De hecho, los niños con CMV pueden perder audición hasta los 7años de edad.

El momento en el que te dicen que tu hijo no oye o no oye bien no es fácil. Asusta y entristece a partes iguales. Creo que todas las mamás que hemos vivido esa situación nos preguntamos lo mismo: ¿podrá hacer una vida normal? Y la respuesta es ¡sí!

Hoy en día los avances de la ciencia permiten suplir la audición deficiente bien sea a través del audífono o del implante coclear de forma muy precoz. Esto permitirá a los pequeños empezar a oír bien lo antes posible y, por ende, no tener mayores dificultades a la hora de desarrollar el lenguaje, en la gran mayoría de los casos.

Ahora bien, ante la sospecha de déficit auditivo y en los primeros momentos del proceso, toca armarse de paciencia. Es importante rodearse de buenos profesionales porque las principales pruebas para medir la audición (potenciales y audiometrías) no son sencillas. Las segundas requieren de su colaboración y, teniendo en cuenta lo pequeños que son, esto no siempre es posible. Por eso es casi seguro que antes de que el otorrino decida poner audífono o hacer un implante, os toque hacer varias pruebas… pero ¡no vale preocuparse! Son pruebas absolutamente indoloras e inocuas.

Una vez que el diagnóstico se ha confirmado, serán los especialistas quienes decidan si unos audífonos son suficiente apoyo técnico como para suplir la pérdida (como en el caso de nuestro babymonster) o si, por el contrario, será necesario un implante coclear. En cualquier caso, no vale desanimarse. Las dos soluciones son estupendas y esto hará que vuestro pequeño pueda oír con normalidad.

Sin embargo, siendo honesta y en un plano más personal, como mamá de un monstruito con hipoacusia, diría que los primeros momentos fueron los más difíciles. Con diez meses le pusimos los audífonos al enano y al principio, no os voy a engañar, se los quitaba, los tiraba… En este sentido, mi máximo agradecimiento a Graci y Ana las dos tutoras del monstruito pequeño que durante su primer curso de Escuela Infantil nos ayudaron muchísimo con la adaptación. Puede parecer una tontería, pero son cosas que nunca se olvidan.

Porque, como os decía, ¡los inicios fueron de lo más entretenidos! Os podría contar que he visto los dichosos aparatitos flotar en una bañera o me ha tocado desenterrarlos, junto con mis maravillosas vecinas y amigas, en el arenero del parque de la comunidad. (¡Gracias, chicas! ¡Sois las mejores!)

También reconozco que, como madre, me revolvía mucho salir a la calle o al parque y que los niños, por pura curiosidad infantil, preguntasen que porqué el peque llevaba eso. Sin embargo, y esto es fundamental, papá monster y yo siempre tuvimos claro que era fundamental normalizar la situación. ¡ Y es que en realidad es algo muy normal! Los niños que no ven bien, llevan gafas, ¿no? Pues los niños que no oyen bien, llevan audífonos. Así de obvio. Y con esa mentalidad decidimos nosotros comenzar esta andadura.

Y poco a poco, y antes de que nos diéramos cuenta, todo se tornó de color normalidad. El babymonster dejó de quitarse los audífonos y para todos pasó a ser algo súper cotidiano. Tanto que una tarde, conversando tranquilamente con la monstruita M, me dijo muy ufana que si algún día ella oía peor, quería que sus aparatitos fuesen rosas. ¡En ese momento creí que me moría de ternura! Me di cuenta de que, al igual que para nosotros, para ella esto era una cosa absolutamente natural. Y lo es también para todos los amigos de la clase Perro en la que mi monstruito C se desenvuelve con todo su arte y su soltura. Porque hace ya algún tiempo que me di cuenta de que los prejuicios y los miedos son solo cosas de adultos.

Con respecto al habla, es normal que los pequeños con hipoacusia presenten cierto retraso en la adquisición del lenguaje. Pero es algo absolutamente corregible con un poco de trabajo y paciencia. Es por eso por lo que nuestro pequeño monstruito C va varias veces a la semana a jugar y a cantar con Laura y Bea, sus logopedas. Por lo demás, un niño con discapacidad auditiva podrá hacer una vida totalmente normal. Os lo aseguro.

Así que mucha paciencia y mucha tranquilidad. La pérdida de audición no nos puede borrar nunca la sonrisa. Y no puedo acabar estas líneas sin mandarle un beso enorme a Belén, la audióloga de nuestro enano, que tanto nos ha ayudado y aconsejado desde el principio.

1 comentario en “Cuando un monstruito no oye bien…”

  1. Ellos normalizan las situaciones mucho mejor que nosotros, los adultos. Este caso, que tan cerca nos ha tocado vivir, nos ha demostrado a todos que los prejuicios, las preocupaciones anticipadas y los temores infundados no va con ellos. Para los angelotes esto ha sido y está siendo, una sucesión de anécdotas incluso divertidas, pero sobre todo, tremendamente clarificadoras e ilusionantes para los mayorcitos que estamos a su alrededor.

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