Reflexiones personales

Descubrimientos del confinamiento

Uno de los motivos por los que necesito que acabe este estado de alarma es porque, a este paso, voy a acabar en la ruina. Y es que en este confinamiento he descubierto las bondades de las compras online.

Habrá quien diga que no es lo mismo. Que comprar sin ver o tocar el producto es un riesgo. Y no digo yo que no; pero riesgo, riesgo es ir de compras con los monstruitos a cuestas. Y quien lo ha hecho, lo sabe.

Veáse una madre ingenua (yo misma) que cegada de amor considera que llevarse a sus adorables monstruitos de tiendas es una buena idea. Así que allí te vas tú, muy ufana con todo el equipo: carro doble, fruta, galletas y bolsas de gusanitos (imprescindibles) agua, juguetitos varios y no sé cuántos trastos más. Todo lo necesario para que los niños vayan más o menos tranquilos mientras tú te paseas alegremente de tienda en tienda mientras te deleitas con las monerías expuestas…

Definitivamente, me sobra Fe en mis hijos y me faltan dosis de realidad a raudales. Esto nunca, nunca sale bien.

Para empezar ese maravilloso carro doble no cabe por la puerta de todas las tiendas (primer fallo).

Además, los juguetes y libros que has elegido para que los monstruitos estén entretenidos no eran los que ellos hubiesen elegido justo para hoy (segundo fallo). Mala suerte, la vida es así de dura pero ya tienes el primer númerito de la tarde montado.

Cuando consigues convencerles de que lo que les has traído es genial, uno de ellos tiene sed. No pasa nada; llevas agua. Sacas las botellitas y ¡horror! No son idénticas (tercer fallo). Parece una nimiedad si el líquido contenido es el mismo, pero ¡no lo es! Ellos tienen 4 y 2 años. Los dos van a querer la misma botella. Segundo pollo a la vista.

Con un poco de suerte has conseguido salvar estos escollos y has logrado entrar en un establecimiento de tu gusto. Te mueves entre los pasillos y encuentras el conjunto ideal. ¡Perfecto! Ahora solo toca probárselo a los monstruitos. El sudor frío empieza a recorrerte la frente… Te quitas el abrigo, dejas el bolso en el suelo y te pones de cuclillas delante de ellos. Sonriente exclamas: ¡chicos, mirad qué bonito! ¿Nos lo probamos?

Sobra decir que ninguno quiere. La mayor grita, el pequeño patalea en la silla y se retuerce cual niña del exorcista. En mi caso siempre decido empezar por la monstruita M porque si consigo que ella lo haga, el monstruito C cederá de mejor grado.

No es fácil. Ella ya ha visto en la tienda algo que le gusta más que lo que tú sostienes en la mano. E insiste en probarse aquello y no esto. Le explicas que no; que mejor esto. Que esto es muy bonito y que se lo va a poder poner cuando vaya a tal o cual sitio. Te mira impasible. Le importa un pie tu planificación. Ella tiene estilo propio.

Todos sabemos que el chantaje está mal. Pero en estas situaciones funciona bastante bien. Al final, a cambio de una chuche, la monstruita accede a probarse lo que has elegido (¿por qué número voy ya de fallos?) Más te vale que hayas acertado con la talla porque solo se lo va a probar una vez.

Así que te remangas y empiezas a quitarle todas las capas de ropa que lleva la criatura. ¡Madre mía, si parece una cebolla! Mientras, y sin que tú te des cuenta, el enano se ha convertido en Houdini el mago y ha conseguido desatarse. Se ha bajado del carro y revolotea alegremente entre los percheros tocándolo todo con sus “impolutas” manitas.

Cuando te percatas de la situación te toca ir a por él y convencerle de que esperar sentadito en su sitio es mucho más estimulante que explorar todo lo nuevo que se presenta ante sus ojos. En lo que dura la negociación, la mayor se ha cansado de esperar y se está revolcando cual croqueta por el suelo con una ropa que no es suya y que además no te vas a llevar porque no le vale.

Con un poco de suerte consigues salir de la tienda sin que las dependientas te maldigan demasiado.

Si no se te da demasiado mal, este proceso lo podrás repetir unas tres veces como máximo y después de dos horas y media tendrás en tu posesión, como mucho, un nuevo trajecito para los adorables monstruitos. ¡Suficiente! ¡A casa!

Cuando llegas de nuevo al parking, apurada ya por la hora, descubres que te falta el abrigo y ellos van protestando porque se les ha caído algo en el trayecto. Decides deshacer el camino y, ante la mirada de pánico de las señoritas de las tiendas que no saben qué más puedes querer, consigues encontrar tu abrigo hecho un burruño en el suelo de la primera tienda en la que entraste.

Vuelta al coche. Después de guardar todo, atar a los nenes en las sillas y comerte el atasco del siglo, consigues llegar. Hogar dulce hogar. De pronto te das cuenta de que hace un ratito que vas tranquilamente pensando en tus cosas sin oírlos. Aparcas, miras por el retrovisor y ¡voilá! Van dormidos como troncos. Obviamente es tardísimo para que eso sea una siestecita inocente y también es pronto para que ya aguanten hasta el día de mañana… además están sin bañar y sin cenar. ¡Crisis, crisis, crisis! Estás agotada. En el fondo tú también podrías quedarte dormida sobre el volante…

Es en ese momento en el que juras y perjuras que jamás volverás de compras tú sola con los dos… Bien, pues esta es una experiencia de compra cotidiana de cualquier mamá monster que un día decide ir de compras sola con sus adorables monstruitos.

Pero un día, de pronto, se decreta un estado de alarma en tu país y te quedas confinada en casa hasta nuevo aviso…

Van pasando los días, sigues sin poder salir, y el tiempo empieza a cambiar. Cada vez hace más calor y parece que los leotardos, la franela y los jerseys son un poquito excesivos para este momento. Así que sacas la caja de ropa de temporada primavera-verano del año pasado y cuando desdoblas la ropa tienes la sensación de que es imposible que los monstruitos hayan cabido en esas prendas en algún momento de su vida.

Optas por ver si encuentras algo de forma online. (En mi caso yo compro muchas cosas online pero hasta este momento adquirir la ropa para ellos no lo había hecho mucho, la verdad). Alguna vez has comprado y no ha ido mal del todo. A lo mejor encuentras algo que te saque del apuro.

¿Sacarme del apuro? ¡De donde me ha sacado el comercio online es de mi ceguera más absoluta! Ahora soy una experta en la adquisición de ropa de niños vía telemática.

¡Es facilísimo! Cada vez son más tiendas las que poseen página web para tal efecto y muchas incluso tiene aplicación propia. ¡Me las he descargado todas! También me he hecho socia de un par de sitios de venta privada donde cada semana van saliendo distintas firmas con descuentos ¡un chollo!

Y aquí estoy, ¡encantada de la vida! Les he renovado ya todo el armario. ¡Y desde mi sofá! O, como mucho, desde su habitación delante del armario pensando con qué puedo combinar cada prenda. Sin sudar tinta, sin volverme loca. Todo ventajas.

Además, las tallas no son excesivo problema. Casi todas las marcas tiene “guía de tallas” donde vienen las medidas de las prendas. A poco que te sepas lo que miden tus hijos, lo tienes hecho. Y ¿si te equivocas? Pues se devuelve ¡y a otra cosa mariposa! Algunas plataformas hasta vienen a por ello a casa si deseas devolver el producto. Todo gentileza, oiga. Y si no, pues lo llevas a Correos o a la propia tienda.

La única pega que tiene es que sale caro. Más caro que comprar de la forma habitual. Y no porque los precios sean distintos. Que no, obviamente. Si no porque como es mucho más rápido y más fácil, la tentación es mucho mayor. Y el gasto también. Así que hay que tener un poquito de cuidado con ese detallín, ¡que pasar la tarjeta sentada en tu sofá no cuesta nadita! Quitando este matiz, ¡todo ventajas!

Vamos, que a mí no me pillan en otra.., mucho me tengo que venir arriba para volver a irme de compras sola con los monstruitos. ¡Con lo bien que lo hago ya!

¿Y vosotras? ¿Les compráis mucha ropita online? ¿O sois más partidarias de las compras tradicionales? ¡Contadme vuestras experiencias!

4 comentarios en “Descubrimientos del confinamiento”

  1. Bueno, eso es sacar partido a esta situación tan extraña. Además, hay que fomentar el consumo ante la que se avecina, por lo que doble éxito. Bueno triple, si añadimos que ese descubrimiento va a evitar a los pitufos esos malos ratos a los que les sometemos en esas interminables sesiones de compras vespertinas, que ellos también tienen su corazoncito, hombre¡¡

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