Crianza en el día a día

Yo solit@

-Cariño, ¿qué haces?

-Asearme yo solita.

(Y un escalofrío te recorre toda la espalda)

Llega un momento, en la vida de todo monstruito que se precie, en el que la autonomía llama a su puerta. Y sí, ha llegado para quedarse.

Según los expertos en psicología y pedagogía esto es maravilloso. De hecho, el desarrollo de la autonomía personal es uno de los objetivos prioritarios en la educación de los mosntruitos. Entendiendo que un little monster es considerado autónomo cuando es capaz de realizar por sí mismo aquellas tareas y actividades propias de los niños de su edad dentro de su contexto cultural.

Y esto, qué duda cabe, es genial. La idea es que los pequeños monstruitos vayan adquiriendo hábitos de autonomía y, así poco a poco, puedan ganar en confianza y autoestima. A todos nos gusta hacer las cosas por nosotros mismos; sentirnos capaces nos hace sentirnos bien. Además, ser medianamente autónomos les permitirá también ser más independientes.

Así que las primeras veces que tu monstruito intenta comer, vestirse o lavarse solo, a ti como progenitor se te cae la baba. ¡Están tan orgullosos de sí mismos! ¡Y se ponen tan contentos! Todo ternura…¡foto, haz foto!

Hasta aquí la parte bonita. Ahora vamos con la realidad del “yo solito”.

Generalmente el día que tu tesoro va a elegir para ponerse los zapatos solo, es el día que más tarde llegas. Así que, después de estar observando durante diez minutos cómo se pone el zapatito, te agachas y le incrustas (porque no se lo pones, se lo incrustas) el otro zapato. ¡Error! Esto desencadena el drama. Se quita los dos; los tira; llora y muy enfadado grita esto de: ¡yo solito!

Hasta ahora no lo habías oído mucho, pero de pronto un día el enunciado “Yo solito” se convierte en una especie de arenga política o en un mítico hit del verano. Suena a todas horas.

Lo mismo pasa con la alimentación. Su idea de comer de forma autónoma al principio, generalmente, no incluye el concepto cubiertos. Es así, asúmelo. Y a ellos no les importa que hablemos de comer mandarina o puré. Desde su punto de vista, sus diez deditos son más que suficientes para transportar la comida del plato a la boca.

La hora del aseo también puede ser de lo más entretenida. Lavarse los dientes y repasar las juntas de los azulejos del baño con pasta, lo mismo viene a ser. Dos por el precio de uno. Además, si con un poco de suerte se les olvida remangarse el jersey pues cuando se lavan las manos ya te hacen la colada. A esa prenda solo le falta ser centrifugada porque lavada ya está.

Peinarse también es algo que ellos pueden hacer solos muy pronto. En este punto te diré que si tienes un monstruito varón has ganado la lotería, amiga. El estilismo de las monstruitas suele estar inspirado en Tina Turner. Y eso con suerte.

Otra manera estupenda de fomentar su autonomía llega a la hora de recoger sus cosas. A este respecto siempre me he preguntado por qué mis adorables monstruitos consideran que la caseta de Coco es el lugar idóneo para guardar algunos de sus juguetes.

También es una maravilla cuando, por algún motivo que luego olvidaras, les animas a ayudarte a guardar su ropa. No tardarán en comenzar a gestionar su armario en solitario. ¡Naaaaaaada! Tranquilidad. Es probable que no vuelvas a encontrar esa prenda que tanto te gusta nunca más; pero ¡everything is perfect! Respira.

De forma inexcusable, lo siguiente es que ellos quieran elegir qué se ponen de manera independiente. Ahora está muy de moda lo de mezclar prendas de distintas temporadas. No lo sabéis pero el gorro de lana en verano es el último grito.

Así que, como veis, la autonomía son todo ventajas. ¡No sé de qué os quejáis! Yo simplemente os recomendaría que tuvierais paciencia y disfrutarais al máximo de estos momentos porque el día menos pensado adquieren la dichosa autonomía del todo y ya nunca nos vuelven a regalar momentos tan divertidos y entrañables.

Pd: otro día os cuento lo de querer limpiarse el culete solitos. No coments .

1 comentario en “Yo solit@”

  1. Autonomía al poder¡¡¡ Esos primeros descubrimientos que les permiten replicar las tareas cotidianas, su capacidad de imitación de lo que los papis hacen, etc.., no dejan de ser maravillosas experiencias para disfrutarlas con ellos, aunque a veces esa incertidumbre “del directo”, no deje de tener su punto inquietante. En fin….

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