Parto y Embarazo, Reflexiones personales

Postparto sin filtros

Sin filtros

Hoy he leído en un grupo de madres el testimonio de una mamá que habiendo dado a luz hace casi dos meses se sentía súper infeliz.

Sinceramente, no me ha sorprendido demasiado. Lo que me ha llamado la atención es que por sus palabras parecía estar desubicada; como si no entendiera el porqué de ese sentimiento. Y culpa; en sus líneas había mucha culpa.

Creo que ya son muchas voces las que se han levantado explicando lo que realmente es el postparto. Pero, si me lo permitís, me voy a unir a ellas.

En un post anterior os expliqué lo que, desde mi punto de vista, implicaba parir y ser mamá. Os hablé de lo necesario que era respetar las decisiones de las mamás para que no se sintieran culpables o enjuiciadas. Y es que todo está relacionado.

Vivimos en la era de la información y sin embargo a veces me parece que estamos todos muy desinformados. Internet y las redes sociales son una fuente inagotable de noticias y testimonios pero no todo lo que vemos publicado es real; ni tan siquiera parecido. Parece una obviedad, y sin embargo, no lo es tanto.

Cada día vemos desde nuestro dispositivos fotos ideales con bebés preciosos, monísimos de la muerte y madres estupendas. Y no es que no sean reales, ¡claro que lo son! Pero es una realidad absolutamente fragmentada. Esa foto es solo un segundo de un día completo. No es, para nada, representativa.

Los recién nacidos necesitan atención 24h al día y no es un tópico. Es una afirmación verídica. Cierto es que los bebés pequeñitos duermen mucho pero no lo hacen del tirón. Ninguno. Tienen momentos de anuncio en los que duermen plácidamente en sus cunita ataviados con el trajecito perfecto. Pero son los menos. Lo normal es que estén demandando pecho o bibe cada 2-3h (con suerte). Lo natural es que se ensucien el trajecito perfecto nada más ponérselo porque, como su sistema digestivo es tan inmaduro, tienen tendencia a regurgitar. Lo habitual es que después de cada toma, hagan sus deposiciones y en muchas ocasiones lo manchen todo (sabanitas ideales incluidas). Lo que suele pasar es que cuando los echas en la cuna no quieran quedarse allí y se despierten nada más posarlos, reclamando volver a tus brazos. Lo cotidiano es que cuando se ríen plácidamente tú no tengas el móvil a mano para hacer esa foto perfecta o estés tan embelesada mirándolo que no te dé tiempo a ello. Y todas estas situaciones sí que son representativas.

A estas rutinas infantiles hay que sumarles el estado físico y mental de la mamá. Cuando una mujer da a luz hace un esfuerzo brutal (ya os lo comenté en el post que os decía antes). Y como todos los esfuerzos, éste también pasa factura. Cuanto antes lo asumamos, mejor.

Porque parece que cuando sales del hospital con tu bebé en los brazos es obligación ser la mujer más feliz del mundo. Bien, pues esto sólo es un maldito constructo social que pone en peligro el estado de ánimo de las recién paridas.

En primer lugar, dar a luz es algo tan fisiológicamente increíble que siempre deja secuelas físicas, hasta el parto más sencillo. Por no hablar de las que, como una servidora, se van a casa con la zona vaginal con tantos puntos que serían suficientes como para conseguir una vajilla nueva en cualquier banco. Amén de las mamás que tienen a sus niños mediante una cesárea. Así que cuando llegas a casa, estás como mínimo, dolorida. Es un hecho.

Además, ya hemos dicho que esa cosita preciosa y diminuta no duerme de forma continuada y que va a reclamar la atención de su progenitora todo el tiempo. Y que nadie se ofenda, pero en estos primeros momentos a quien necesita el recién nacido es a su madre. Ni al padre, ni a los abuelos ni a la tía perfecta. Solo quieren a mamá. Esto que suena muy tierno es terriblemente agotador para ella. Y sí, habrá momentitos de alivio en los que el bebote se quede tranquilo en brazos ajenos, pero serán los menos; por lo menos al principio.

Al dolor y al cansancio hay que sumarle que la mamá tiene un desequilibrio hormonal enorme. Esto no es más que una respuesta absolutamente natural de nuestro cuerpo que se sucede después de que se hayan liberado oxitocina y endorfinas a raudales para poder sobreponerse al esfuerzo del parto. Y dicho desequilibrio genera, como poco, inseguridad e irascibilidad.

Tan biológico como el bajón hormonal es el estado de alarma constante en el que, de pronto, una entra al poquito de traer una nueva vida al mundo. Es el instinto más animal que existe; es el instinto de protección. El miedo como emoción, muchas veces sin validar, se convierte en tu nuevo mejor amigo. Y esto en realidad está bien porque es esa alerta constante la que hace que tu recién nacido no corra peligro. No conozco ni una sola madre que duerma a pierna suelta aunque su bebé lo haga. Es inevitable.

Y esto, señores y señoras, es el postparto. Quien lo ha pasado, lo sabe. Y no pasa nada por decirlo. No es mejor madre quien no lo expresa. Por supuesto, no todas lo vivimos igual. No es lo mismo el primer postparto que el segundo; y supongo que tampoco tendrá nada que ver con los siguientes. Evidentemente, la intensidad varía de una mamá a otra. Pero esto existe, y necesitamos que se visibilice para que ninguna recién mamá tenga que sentirse culpable, angustiada o triste por no sentirse pletórica de felicidad 24h al día.

Por otro lado, también os garantizo que todas estas emociones que no son negativas, sino funcionales, se alternan alocadamente con emociones tan inmensamente sobrecogedoras como la de tener una manita diminuta en tu pecho o escuchar su respiración acompasada y relajada pegada a tu nariz. En esos momentos, estoy segura, que todas nos sentimos la mujer más dichosa del mundo.

Pero recapitulemos, por favor. Dolor, cansancio, desequilibrio hormonal, miedo, inseguridad… En muchas ocasiones, además, a este escenario hay que sumarle presión social, agobios familiares, desencuentros con la pareja y alguna que otra lindeza más. Y llegados a este punto, de verdad, ¿no os parece irónico que se pretenda transmitir la idea de que una mamá debe sentirse súper feliz? No seamos hipócritas, por favor. Estamos machacando a muchas mamás en pos de un estereotipo manido y edulcorado.

Tener hijos es la cosa más maravillosa del mundo, eso lo puedo asegurar. Tanto que algunas repetimos, y llegado el momento nos podríamos plantear incluso tripitir. Otras incluso deciden ser mamá muchas más veces (desde aquí mi maxima veneración a las mamás de familias numerosas). Y las que han decidido criar hijos únicos tampoco cambiarían el haber tenido a su retoño por nada del mundo. Pero que nadie se engañe; la maternidad no es fácil. Y no lo es desde el primer momento.

De hecho, probablemente el postparto sea uno de las etapas más complicadas. Pero, ¿sabéis lo mejor? Que pasa. Las angustias, las preocupaciones y las tensiones irán desapareciendo. Poco a poco estos sentimientos dejarán paso a la tranquilidad de espíritu y la felicidad será tu estado de ánimo más habitual.

Así que, desde aquí, un abrazo enorme a todas las mamás que en estos momentos están en medio de su proceso de postparto. ¿Mi consejo? Date tiempo a ti misma, déjate mimar, llora si lo necesitas y aprovecha para dormir cuando lo haga el bebé (olvídate de la colada y de las camas sin hacer). Es vuestro momento; aunque no sea súper dichoso. Es vuestro; que nada ni nadie os lo arrebate. Y por supuesto, si pasados los tres primeros meses, estas sensaciones no desaparecen, pide ayuda profesional. La depresión postparto es otro gran tabú de la maternidad del que hablaremos algún día.

Pd: Me voy ahorrar entrar en el hecho superficial pero no banal de que, para colmo, muchas veces en el preciso instante en el que el bebé llega a casa, la autoestima sale por la ventana. El cuerpo ha cambiado, hay kilos de más que no desaparecen al principio (ni al final, como en mi caso) y has dejado de ser la preciosa embarazada para pasar a ser una mami ojerosa, regordita, sin tiempo para ir a la pelu y que no sabe qué ponerse. Pero aquí no voy a profundizar demasiado porque me han dicho que existen mamis estupendas que recuperan su figura súper pronto y que se ven guapísimas desde el minuto uno. Por supuesto, un “olé” por ellas; pero si no eres de las afortunadas, no sufras, de verdad. Perteneces al gran grupo y no al revés. Te lo digo yo, que he hecho de los vestidos sueltos y los trajes de baño oscuros y enteros mis mejores aliados. ¡Y a otra cosa mariposa!

1 comentario en “Postparto sin filtros”

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