Crianza en el día a día, Reflexiones personales

Tarde, mal y nunca

El otro día os contaba en un post de esos cortitos de Instagram (@misadorablesmonstruitos) que otra vez tenía la sensación de no llegar a todo.

Y es que de pronto, a mis días le vuelven a faltar horas. Hemos estado dos meses confinados y eso, obviamente, implicaba la paralización de todas las actividades. Pero con la llegada de la fase 1 y la inminente fase 2, aquí en Madrid, muchas cosas retoman su marcha. Y que nadie, me malinterprete. Me parece una buenísima noticia; especialmente para todos aquellos negocios que tanto lo necesitaban. Pero a nivel personal, a mí me vuelve a faltar el tiempo.

Después de haber descubierto las bondades del slow life tener que volver a ponerme en marcha me está costando un montón.

Os diré que me entra cierta ansiedad cuando paso por delante del organizador mensual que tenemos colgado en la nevera y veo cómo se vuelve a llenar otra vez. De hecho, casi me dan mareos, cada vez que lo miro… Y eso que la vida social la seguimos teniendo, por decisión propia, muy restringida.

Pero claro, inevitablemente, han vuelto a nuestro día a día mil y una cosas que se quedaron en el aire como, por ejemplo, las consultas médicas, el logopeda, el pediatra, la atención temprana, mi rehabilitación, las citas del veterinario, el dentista… vamos, que quitando el cole y la natación ya estamos otra vez a tope.

Además, por otro lado, también me doy cuenta de cómo muchos de esos maravillosos propósitos que me automarqué al inicio del confinamiento se han evaporado. Porque no sé vosotros, pero al principio de la cuarentena yo tenía clarísimo que iba a aprovechar el tiempo en casa para ordenar las habitaciones, hacer el cambio de armarios en condiciones, clasificar todos los libros del salón… y al final todas estas intenciones se han quedado en eso, en intenciones. Así que poco a poco veo cómo nos acercamos cada vez más rápido a la “nueva normalidad” y yo sigo teniendo un montón de cosas pendientes todavía.

Y de verdad que entiendo perfectamente que debe ser así y que esto es lo deseable. Que necesitamos volver a las rutinas normales pre-pandemia, pero yo sigo con la cabeza en ese tiempo que hemos estado confinados en el que lo único que teníamos que hacer era quedarnos en casita para no enfermar. Todos esos días con muchos ratitos de juegos y cosquillas. Largas tardes de cuentos, besos y travesuras. Días de no hacer nada y hacer todo lo importante, en realidad.

Y ahora, de repente, se pueden hacer taaaaantas cosas que me muero del estrés. Y pienso: ¿me estaré volviendo loca por no querer avanzar más rápido? ¿O es que simplemente a lo mejor mi cabeza me está dando un toque de atención? A lo mejor, y al margen del Covid, es solo una cuestión personal y yo necesitaba frenar y coger impulso para poder volver a arrancar con más fuerzas.

Mi duda ahora es si estoy preparada. No sé si he perdido práctica o qué, pero la realidad es que me da vértigo volver a nuestro día a día. Me cuesta un triunfo movilizar a los monstruitos para llegar a tiempo a cualquier sitio y además, me da una pereza enorme, todo sea dicho. Así que he pensado que, a pesar de empezar a ver la luz al final del túnel, todavía nos queda mucho camino por andar, y por eso yo voy a seguir tomándome las cosas con la mayor calma posible.

Para mí, y por lo menos en este momento, este planteamiento es la mejor opción y opino que para mis adorables monstruitos también, la verdad. Soy firme defensora de esa máxima de maternidad que dice que si tú estás bien, ellos también lo estarán. Lo creo a pies juntillas. Y además es que lo veo. Los adorables monstruitos han pasado unos meses muy intensos, pero tranquilos, felices y serenos. Y eso no me lo quita nadie de la cabeza.

Así que puesto que mis objetivos del principio han caído casi todos en saco roto, hoy me propongo una vuelta a la normalidad pausada, sin agobios y lo más relajada posible. A ver si esto lo consigo… Para que al menos toda esta tragedia tan terrible no caiga en el olvido y no volvamos a cometer los mismos errores de siempre. Porque aunque poco a poco tengamos que volver a nuestra vida normal, yo he decidido que quiero afrontar las cosas con otra filosofía. Valorando lo importante por encima de lo urgente. ¿Qué os parece? ¿Alguien más como yo?

1 comentario en “Tarde, mal y nunca”

  1. Me apunto. Las experiencias, especialmente las que son tan traumáticas como la que aún estamos atravesando, deberían conducirnos a extraer conclusiones positivas y sobre todo,
    posibilistas. La vida sigue y hay que hacerle frente cada minuto del día, sin que decaiga nuestro ánimo. A por ello¡¡¡

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