Crianza en el día a día

Mi ratita presumida

Sea lo que sea, si es rosa, morado, purpurinoso o con brilli-brilli, ¡le gustará seguro! Y es que, como tantas otras monstruitas de su edad, mi pequeña M lleva una pequeña y hortera fashion victim en su interior. No lo puede evitar.

No voy a decir ahora que nunca la he vestido de rosa porque no es verdad. A mí es un color que me gusta, tanto para niñas como para niños. De hecho, mis adorables monstruitos tienen varias prendas de este tono. Pero os prometo que en su armario hay muchos otros colores.

Personalmente, en invierno, soy muy fan de los grises combinados con granate o el verde oscuro con camel. Y en primavera/verano, pues depende, pero me gusta mucho el blanco, el azul bebé, el amarillo… y por supuesto los estampados multicolor propios de esta temporada.

La cuestión es que da igual el empeño que yo le haya puesto al asunto. Lo mucho que me haya esforzado por salir un poco de ese estereotipo edulcorado del rosa y el azul para niña y niño, respectivamente. Ella lo tiene clarísimo. ¡Lo quiere todo rosa! Y como os decía, si encima brilla, lleva tul o lentejuelas ¡tanto que mejor! Además mi querida monstruita no conoce esa máxima tan valíosa en el mundo de la moda que reza aquello de menos es más. Al contrario, cuantos más abalorios, lazos y accesorios se pueda poner, más favorecida se ve ella.

Por no hablar de la pasión que siente por los cuidados estéticos. Adora pintarse las uñas, me persigue por la casa para que le ponga colorete y me pide que le eche perfume del mío, en lugar de su colonia fresquita.

Otro caballo de batalla es elegir qué se pone cada día. Si salimos a la calle es un poquito más fácil que acceda a ponerse lo que yo le propongo, aunque ya tiene bastante claro qué le gusta y qué no. Pero para estar en casa, la cosa cambia.

Tiene en su cajón, junto a los pijamas, una serie de camisetas y pantalones para, como dice ella, “estar cómoda” en casa. Haciendo gala de su fascinante autonomía, ella decide qué se quita o qué se pone. Si no se cambia de camiseta, pijama o camisón mil veces al día no lo hace ninguna. Se prepara mil y un conjuntos, cada cual más estrambótico que el anterior. Y además, todo esto lo combina con sus disfraces. Como os podréis imaginar, el resultado final es de traca.

Lo más de lo más es que cuando ella considera que ya está lista, se mira orgullosa y sonriente al espejo y me pide que le haga fotos… ¡No puede ser más presumida!

Y todo esto teniendo en cuenta que ahora tiene cuatro lindos añitos; no me quiero ni imaginar cuando llegue a la adolescencia. ¡Que Dios me coja confesada!

Pero no os voy a engañar. En el fondo tengo que reconocer que me divierte mucho ver lo coqueta que es. Aunque me dé algún que otro dolor de cabeza o me ponga los cajones patas arriba. Supongo que es cosa de la edad y que esto, como tantas otras cosas, es solo una fase. ¿No creéis? (Que alguien me diga que sí, por favor)

2 comentarios en “Mi ratita presumida”

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