Crianza en el día a día, Educación

Érase una vez una caja mágica

Tenemos toda la casa llena de juguetes. Muchos educativos, de madera, asociados a diferentes áreas o distintas inteligencias; otros no tan pedagógicos pero también muy deseados. Puzzles, encajables, muñecas, cocinitas, playmobil, réplicas de goma de sus personajes favoritos, carritos de bebé, maletín médico,cachorros, cubitos, construcciones, coches y un sin fin de cachivaches más.

Pero de pronto, un domingo cualquiera desembalamos un cuadro nuevo y una triste caja de cartón se convierte en el juguete más deseado del día. Dos planchas de este material sirven para construir una cabaña secreta que puede llegar albergar la más increíbles de las historias.

Esto no hace más que confirmarme lo que ya sabía, y otras veces ya hemos comentado. Los monstruitos de hoy en día son niños hiperregalados. La gran mayoría de ellos tienen un exceso de juguetes y eso, muchas veces, inhibe su capacidad imaginativa. Pero si les dejamos el espacio apropiado y nos desentendemos un poco de su forma de entretenerse, su creatividad hará el resto.

Mis adorables monstruitos pasaron todo el día de ayer jugando en su nuevo refugio. Porque en eso, precisamente, consiste el juego libre. En presentarles los materiales o la instalación y que ellos decidan cómo quieran usarla.

Evidentemente, en las escuelas infantiles las instalaciones son mucho más elaboradas y pensadas. Tanto los materiales como la disposición de los mismos responden a unos focos de interés de los pequeños que los hacen más llamativos y apetecibles. Pero esto es lo que tiene el día a día de las familias: la improvisación también forma parte de ellas.

En cualquier caso, la cuestión es que ayer ese huequito delimitado por cartones fue, en primer lugar, una cabaña secreta. Ellos solitos metieron dentro almohadas, una manta y todos sus muñecos favoritos. No sé muy bien cuál era el origen de la motivación pero la idea consistía en que tenían que estar escondidos y no hacer ruido para que no les encontrásemos. (Lástima que este juego acabara relativamente pronto.)

No mucho después lo convirtieron en una escuela. Almohadas fuera para dejar paso a los cuadernos y las pinturas. La monstruita M era la maestra y estaba muy afanada en enseñarle todos sus conocimientos al monstruito C que la miraba embelesado. Me alucina ver cómo el juego simbólico (jugar a ser) está tan presente en su entretenimiento. La monstruita M decía frases que me dejaban alucinada, la verdad. Es capaz de replicar conceptos e instrucciones que, obviamente, solo ha oído en el aula. Parecía una auténtica profesora.

Lamentablemente, al rato, el alumno aplicado se esfumó para convertirse en un pupilo rebelde que dejó de hacer caso a su cada vez más autoritaria maestra. Y esto acabó con el juego de un plumazo. Debe ser que en clase de la monstruita M no hay compañeritos tan díscolos como el que representaba su hermano porque después de un par de intentos, la escuela fue clausurada. No andamos muy sobraditos de paciencia por aquí.

Luego por la tarde, cambiaron la disposición de los paneles para convertir la antigua cabaña en una maravillosa tienda. Diferentes actividades relacionadas con el trueque y la compra-venta de artículos tuvieron lugar en nuestro salón. Por si alguno tiene dudas, tengo en casa dos comerciantes natos. Me encantó ver cómo otorgan diferente valor a sus objetos en función del tamaño o de lo que para ellos representan. Una manera maravillosa de acercarse a la lógica matemática que surgió de la forma más espontánea posible.

Y así de entretenidos pasaron el día. Con una simple caja que, de no haber sido reclamada, hubiese acabado su función tirada en un contenedor de reciclaje. Y no puedo dejar de volver a las preguntas de inicio: ¿tienen nuestros niños muchos juguetes? ¿Inhibimos su imaginación poniéndoles todo a su alcance? ¿Deberíamos dejarles más “campo libre” y dirigirles menos su ocio? Cada vez estoy más convencida de ello.

Por no hablar de que ayer, al ser domingo, tanto su padre como yo estábamos mucho más disponibles para participar de sus juegos. ¡Cómo lo han disfrutado! Se lo han pasado como lo que son en realidad, como enanos. Y todos tan felices. Perfecta forma de terminar el fin de semana, la verdad.

1 comentario en “Érase una vez una caja mágica”

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