Crianza en el día a día, Reflexiones personales

Los grandes olvidados

Poco a poco, y de forma inevitable, las distintas Comunidades Autónomas van afianzando el proceso de desescalada. Según pasamos de fase, cada vez son más las cosas que nos están permitidas y nos acercamos un poquito más a la tan ansiada “nueva normalidad”.

Sin embargo, y desde mi humilde opinión, este proceso está lleno de incoherencias. Vaya por delante que entiendo que no es fácil; que son muchos los factores que se deben tener en cuenta y, por nada del mundo, quisiera estar en la piel de quienes deben diseñar esta transición.

Aún así no deja de asombrarme lo volátiles que son las decisiones de quienes nos gobiernan. Y, lo que más me preocupa, lo poco que se tiene en cuenta a los niños y a las familias en este país.

Por ejemplo, me alucina que se estén planteando abrir las discotecas y, al mismo tiempo, los parques infantiles sigan cerrados. Disculpen mi ignorancia pero no creo que el hecho de que los niños jueguen en un parque suponga un riesgo de contagio mayor que un tumulto de gente consumiendo alcohol y bailando. Llámenme loca.

Además, las escuelas infantiles siguen cerradas y no se prevé su apertura ya hasta septiembre, pero los papás van a incorporarse a trabajar presencialmente más pronto que tarde. Me gustaría que alguien me explicase que se supone que van a hacer las familias con niños pequeños cuando tengan que volver a su lugar de trabajo. ¿Dejarlos con los abuelos? ¡Ah no, que eso no se puede! ¿O ya sí? ¿Ya no son población de riesgo?

Sin pararnos a analizar lo que supone emocional y evolutivamente para los babymonsters este parón. Especialmente para los más pequeños. Van a acabar el primer ciclo de Educación Infantil sin poder despedirse de sus educadoras de referencia y mucho de ellos sin haber conseguido todos los hitos de desarrollo de esta etapa. Pero no pasa nada; porque ya nos han dicho que la transición del primer al segundo ciclo de Infantil será coordinada y fluida. No tengo muy claro qué significa eso pero me encantará verlo, eso seguro.

Por no hablar de que no sabemos cúando empezará el colegio en septiembre y, sin embargo, sí se sabe cuando dará comienzo la Liga Española de Fútbol. Esto es el claro ejemplo de ¡pan y circo para el pueblo, señores! En fin…

Hasta ayer la vuelta al colegio estaba en entredicho. Se dijo que hasta que no hubiese una vacuna contra el Covid-19 los alumnos no podrían volver todos de forma presencial. Hoy ya sí. Ayer el gobierno anunciaba que uno de los principales objetivos de la vuelta al cole pasaba por garantizar la presencialidad de todos los estudiantes.

Para más inri, hasta hace muy poco, los niños pequeños eran los más peligrosos vectores de transmisión. Ahora ya no. De hecho, cuando vuelvan al colegio en septiembre los alumnos de Educación Infantil y los del primer y segundo ciclo de Educación Primaria lo harán en aulas con un ratio de 20 alumnos (grupo estable de convivencia, han decidido llamarlo), sin mascarilla y sin distancia de seguridad. De 4° de Primaria en adelante sólo deberán llevar mascarilla cuando no se pueda garantizar la distancia mínima de seguridad, que ahora resulta que son 1,5m y no 2.

¿De verdad? ¿No suena a broma? Me parece todo un auténtico juego de improvisación. Y me consta que no soy la única que veo que esto no tiene sentido. No puedo dejar de pensar que los monstruitos son los grandes olvidados de esta pandemia.

Cuando el confinamiento tuvo su fase más restrictiva todos los adultos, por una cosa o por otra, podíamos salir aunque fuera un poquitín. A hacer la compra, a sacar el perro, a la farmacia… Y ellos, nada. ¿Se quejaron? ¡No!

Cuando por fin se les autorizó salir a la calle, solo podían hacerlo durante una hora, una vez al día y en según qué franjas horarias. ¿Se quejaron? ¡No!

Ahora que la cosa está ya más relajada siguen sin poder ir al parque o volver a ver a sus amigos; se les ha privado de su ámbito escolar con todo lo que ello implica (ausencia de figura escolar de referencia; restricción de contacto con iguales; falta de rutinas…) ¿Y se quejan? ¡No!

Ellos siguen ahí, aguantando el tipo con la mejor de sus sonrisas. Con sus más y sus menos obviamente. Con días mejores y días peores. Con momentos más intensos y momentos más pausados. Pero siempre con esa inocente ilusión que les caracteriza y que a muchos adultos (una servidora, incluida) debería servirnos de ejemplo.

Por eso creo que, ahora que parece que todos los sectores de la sociedad reclaman sus derechos, es momento también de pensar en sus necesidades. Al fin y al cabo, si no lo hacemos nosotros por ellos, nadie va a hacerlo. Y puesto que desde que empezó la crisis sanitaria no lo hemos hecho, a lo mejor ya toca, ¿no creéis?

1 comentario en “Los grandes olvidados”

  1. Totalmente de acuerdo. Añadiría que, cuando comenzó este proceso, a nadie pareció importarle lo que nuestros pocholos podrían sentir ante esta nueva situación (alejamiento de sus compis del cole, ruptura de su rutina diaria, ausencia de personas o familiares con los que convivían más o menos regularmente, etc..), dando por hecho que su capacidad de adaptación y su inconsciencia infantil les permitiría superar aquélla sin dejar rastro alguno en su subconsciente. Pero, ¿quién puede asegurarlo? ¿los famoso expertos?… Ja¡¡¡
    Me adhiero a cualquier iniciativa que reivindique los derechos de nuestros pequeños héroes.

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