Crianza en el día a día, Educación, Reflexiones personales

La teoría del apego

Hoy quiero hablaros de un tema que ahora está muy de moda. La famosa teoría del apego seguro.

Vaya por delante que soy de las que opina que cada progenitor tiene una forma distinta de educar y relacionarse con los monstruitos y yo no soy nadie para criticar lo que otros hacen.

Simplemente hoy quiero compartir con vosotros lo que papá monster y yo pensamos con respecto a la crianza y educación de nuestros adorables monstruitos; cómo hemos llegado hasta aquí y en qué basamos nuestra relación con ellos.

Dicho esto, la teoría del apego, que parece estar tan de actualidad, en realidad no es especialmente nueva. De hecho, se remonta a finales de la Segunda Guerra Mundial cuando la ONU encargó al psiquiatra y psicoanalista John Bowlby que estudiara las dificultades de relación que comenzaban a tener los huérfanos de guerra. En aquel momento, el médico escribió una especie de folleto al que llamaría “Privación materna”. La teoría del apego surgiría a raíz de este trabajo. El concepto de “apego seguro” lo introdujo la psicóloga Mary Ainsworth años después, en los años 60.

En cualquier caso, y como muchos ya sabéis, la piedra angular de esta teoría se basa en la necesidad del recién nacido de desarrollar una relación con al menos un cuidador principal (generalmente la madre) para que su desarrollo social y emocional se produzca con normalidad. Así, la relación entre el niño y el cuidador se debe basar en la atención a las necesidades de seguridad y protección del niño, tan fundamentales en la primera infancia. De esta forma, la idea es que al generar un vínculo firme con la(s) figura(s) de referencia cuando el monstruito crezca será capaz de relacionarse con sus iguales de forma sana, segura y asertiva. Todo esto y el axioma de que el recién nacidos debe sentirse querido y protegido en todo momento constituyen, a grandes rasgos, los dos grandes pilares de esta filosofía.

Siendo honesta os diré que lo cierto es que yo no había oído hablar de la teoría del apego seguro hasta que me quedé embarazada. Pero cuando te enteras que vas a ser mamá por primera vez, te asaltan infinidad de dudas y lo normal es hacerse un montón de cábalas con respecto a cómo será tu maternidad. En estos momentos de incertidumbre creo que no me equivoco si digo que todas buscamos una guía o alguna referencia que nos diga cómo hacerlo lo mejor posible.

En nuestro caso, cuando me quedé embarazada de la monstruita M leí mucho sobre la teoría del apego seguro y me pareció que, al menos para mí, era el mejor estilo de crianza posible.

Por eso, cuando los dos monstruitos han sido bebés hemos practicado la crianza con apego. Es decir; ambos hemos hecho todo lo posible por fomentar ese binomio mamá-bebé al principio y, no mucho después, un vínculo afectivo muy fuerte con nosotros dos. Esto pasa, entre otras cosas, por fomentar muchísimo el contacto físico con el babymonster en su primera infancia y atender sus necesidades en el precioso momento que así lo requieran.

Llevado a la práctica y, de acuerdo con esto, los dos monstruitos han colechado con nosotros; los hemos tenido siempre en brazos o porteado cuando así lo han requerido. Y también, y enmarcado en este estilo de crianza, los dos monstruitos han hecho lactancia materna a demanda y extensa cuando ya no era solo una cuestión de alimento, sino algo emocional y relacionado con el sentimiento de seguridad y refugio.

Cómo os podréis imaginar, esta forma de crianza no está exenta de críticas. Son muchas las voces que se alzaron para decirme cosas como: lo estas malacostumbrando; así nunca va a dormir bien; ya tiene que aguantar un poco más; déjale llorar un poquito que no le pasa nada o, mi favorita, toda la vida se ha hecho así y los niños se criaban perfectamente y sin tanto remilgo. Sé que es más fácil decirlo que hacerlo pero ante esta situación mi consejo siempre es: “a palabras necias, oídos sordos”. De verdad, no merece la pena.

¡En fin! Retomando lo que os estaba contando en referencia a la teoría del apego seguro. Que nadie me malinterprete; todo esto que os he contado, ¿significa que la lactancia materna extensa, el porteo o el colecho es la única y mejor forma de hacer las cosas? No; esto simplemente quiere decir que para nosotros fue la mejor opción. La que nos convencía; la que nos hacía sentir mejor y la que creíamos más apropiada. Pero entiendo y respeto que haya mamás que no se sientan cómodas con el colecho, que no quieran o no puedan dar el pecho o que decidan llevar a los peques en el carrito todo el tiempo que puedan. Obviamente cada uno tiene sus circunstancias e insisto en que esto es algo muy personal. Yo solo os cuento nuestra experiencia y comparto con vosotros lo que a nosotros nos ha funcionado.

Y al igual que nos sentimos fenomenal practicando el apego seguro, lo mismo nos pasa con la crianza respetuosa y la disciplina positiva. Porque, tal y como os he dicho al principio, la teoría del apego seguro hace referencia, sobre todo, a los primeros meses de vida; así que ya nos empieza a quedar un poquito lejos. Sin embargo, y aunque no es exactamente lo mismo, esta teoría está muy relacionada con la pedagogía de la crianza respetuosa. Os podría contar mil cosas sobre cómo el papá monster y yo nos adentramos en este mundo tan apasionante de la crianza respetuosa. Pero eso es ya harina de otro costal y nos da para otro post entero. Otro post que prometo escribir muy prontito.

5 comentarios en “La teoría del apego”

  1. En mi opinión y como en tantas otras disciplinas vitales, también es necesario tener la cintura suficiente para adaptar (no sólo compartir o rechazar) todas las teorías existentes al respecto a la realidad de cada pequeño pocholo. Con harta frecuencia, las particularidades de cada uno de ellos nos llevan a estar modificando constantemente nuestros criterios previamente establecidas. Como la vida misma, vaya.

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  2. Me acuerdo de dormir a mi bebe en brazos hasta el punto de no poder sostenerle ya por el peso y apoyar el codo en la cama para aguantar…cantarle, abrazarle, no dejarle ni un minuto solo (ducharme con el canastillo y mi bebé al lado y el pobre despertarse con el ruido del agua)…y me sorprendía mucho ver cuando algún niño pequeño se caía en los columpios, lloraba desconsolado, y su madre al lado seguía hablando con la vecina y al no hacerle caso, dejaba al final de llorar….Mi hijo es un sol de chico, todo el mundo me lo dice,…pero ahora que ya es mayor, no quiere que le bese o le abrace (normal, lo hago casi cada vez que me lo encuentro por casa)…,.me ha salido despegado, o se ha sentido tan protegido que le he abrumado con tantas atenciones y por ello no las valora….o es que soy una pesada insoportable, que le hace sentir que le trato como a un niño….pero es que no puedo evitar decirle todos los días “Te quiero”. Y hoy estoy feliz, ha accedido a dar una vuelta conmigo por la calle de una hora y 1/4. 😀

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  3. Me pareció muy interesante tu entrada, sobre todo por el tema del apego. Hoy en día pasa a “estar de moda”, porque en los años 70 no existía lo que tenemos ahora (la capacidad inmediata del conocimiento). Estoy completamente de acuerdo con lo que escribes, sólo agregar que el apego es la base del desarrollo del ser humano. Para quienes quieran inferioridad en eso pueden leer a Felipe Lecannelier. Cariños!

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