Crianza en el día a día, Reflexiones personales

Amor de hermanos

Cuando la monstruita M tenía apenas un añito, el monstruito C ya era una realidad dentro de mi tripa. De hecho, mis adorables monstruitos se llevan solo 19 meses.

Soy consciente de que en aquel momento, muchos pensaron que estábamos locos pero papá Monster y yo lo teníamos clarísimo: queríamos que los monstruitos se llevaran poco. Y así fue.

Mentiría si dijera que el primer año no fue un poco locura. Al fin y al cabo, nos juntamos con dos bebotes en casa. Y todavía hoy, con cuatro y dos años y medio respectivamente, sigue habiendo ratos que no son fáciles. Pero siempre digo que repetiría la experiencia con los ojos cerrados una y mil veces, sin pensármelo siquiera.

Y es que no hay nada que compense más los sinsabores de la crianza que verlos a ellos juntos. Me derrito cuando se abrazan, cuando se miman, cuando se protegen el uno al otro. Literalmente, en esos momentos no me cabe el corazón en el pecho.

Por supuesto también tienen ratos menos tiernos. Son muchas las veces que se pelean, se chinchan e incluso a veces también sacan la mano a pasear. Pero por encima de todo, son hermanos. HERMANOS con mayúscula. Con una relación tan estrecha e intensa que a veces abruma. Y lo que le pido para ellos a la vida es que no pierdan nunca esa complicidad que hoy les une.

Porque no os imagináis lo que disfruto oyéndoles reírse a carcajadas juntos o cuando cantan y gritan de emoción y se contagian el uno al otro. También os reconoceré que, aunque a ellos les tenga que poner cara seria, yo soy la primera que me muero de la risa cuando lían alguna trastada juntos. Pero es que, por encima de todo, tengo claro que esto no se trata de mí o del papá Monster. En realidad, esto va mucho más allá. Se trata de ellos.

Se trata de que sepan que pase lo que pase siempre se tendrán el uno al otro. Se trata de que vivan día a día sabiendo que son dos. Que pueden contar el uno con el otro. Que nunca estarán solos. Que da igual lo mucho que se enfurruñen a veces, porque en el fondo de su corazón saben que tener un hermano es el mayor tesoro del mundo. Y quien lo tiene, lo sabe.

Así al menos lo sentimos nosotros con nuestros respectivos hermanos y así quisimos y queremos que lo sientan ellos. Para nosotros el amor fraternal es uno de los grandes pilares de la familia y me enorgullece profundamente ver que, aún siendo muy pequeñitos, ellos son ya capaces de apreciarlo también.

No sé si en algún momento habrá un tercer monstruito; quizás no llegue nunca, o a lo mejor en algún tiempo, quién sabe… Pero lo que sí sé es que lo que tienen este par de bichos es algo sumamente especial. No dudo de que sería maravilloso que pudieran compartirlo con otro little monster más pero, en cualquier caso, para mí lo importante es que ellos ya saben lo que es querer de forma incondicional y con eso, me doy por satisfecha. Nada llena más de amor a una madre que ver cómo sus hijos se adoran.

Por supuesto, y como siempre, esta es nuestra experiencia y mi sentir; por eso lo comparto aquí. Pero todo mi respeto para aquellas mamás que, por la razón que sea, han decidido o han tenido que quedarse con un único monstruito. Al fin y al cabo la planificación familiar es cosa solo de dos. Ahora bien, si alguna está indecisa y me pregunta… ya sabéis mi respuesta: ¡a por el hermanito, sin dudarlo! 🥰🥰🥰

1 comentario en “Amor de hermanos”

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