Crianza en el día a día, Educación

¿Puedo decir palabrotas?

Y de pronto un día, cuando menos te lo esperas, escuchas detrás de ti una retahíla de palabrotas enormes que te hielan la sangre. No sabes de dónde han salido; pero te das la vuelta y está claro. Allí solo hay un monstruito de un metro de altura que te mira con los ojos como platos y una media sonrisa. Te mira desafiante esperando tu reacción.

Tragas saliva. Y haciéndote la tonta, preguntas: ¿qué has dicho, cariño? Y a continuación llega la confirmación del delito: ¡nada!- grita alborozado-. Se ríe y echa a correr. Y ahí te quedas tú, con tu cara de “gilipichis” (y nunca mejor dicho) y sin saber qué hacer.

Muchas veces ni siquiera sabes de dónde las ha sacado. En realidad las puede haber oído en cualquier parte. A veces ni siquiera son los padres quienes las dicen. Pero es que las han podido escuchar a un niño más mayor, en la televisión, en la calle, en el patio del colegio… Da igual, porque todos sabemos que los monstruitos tienen una especie de radar de atención selectiva que les permite captar lo más lejano y menos conveniente y, al mismo tiempo, descartar las instrucciones claras y necesarias que se les da mirándolos a los ojos. ¡Sí, son así!

La cuestión es que, a partir de entonces, tu monstruito va a pasar una época en la que va a decir palabras malsonantes con relativa frecuencia. Aunque nos suene terrible, debemos entender que entra dentro de lo normal. Cuando esta fase aparece es sólo un síntoma más del desarrollo conceptual de la trasgresión. La mayoría de las veces no conocen el significado de lo que dicen pero sí son conscientes de que no está bien. Están, simplemente, poniéndonos a prueba. Y eso les divierte.

Lo primero que a todos se nos ocurre es poner el grito en el cielo. Corregirlos, e incluso regañarlos. Pero entonces sólo estaremos haciendo lo que ellos quieren en ese momento, que no es otra cosa que llamar nuestra atención.

¿Cuál es entonces la mejor opción? Pues la gran mayoría de los especialistas coinciden en que la mejor opción es armarse de paciencia e ignorar la conducta. Al fin y al cabo, si no les seguimos la corriente lo habitual es que terminen por cansarse y dejen de decirlas. Un día le oí decir a una psicóloga infantil amiga mía: “conducta que no se atiende, conducta que se extingue” . Y creo que en este caso es muy fácil verlo porque aplica a la perfección. (Un beso, Nuria, como ves te atiendo siempre 😊. Si queréis empaparos de su sabiduría la podéis encontrar en Instagram en @crecerenfamilia.online)

Pero además de no hacer caso, aquí os dejo algunas recomendaciones más para que los monstruitos pierdan el interés por las palabras feas lo antes posible:

  • Debemos evitar sonreírnos o reírle la gracia porque entonces insistirán más en ello.
  • No debemos castigarlos ni tampoco regañarlos. Si lo hacemos solo estaremos dando respuesta a su llamada de atención.
  • No debemos comentar esta actitud con otros adultos si él está cerca ya que notará la preocupación y se reiterará más en hacerlo.
  • Podemos explicarles que las palabrotas molestan a los demás. Y debemos enseñarles a pedir disculpas si ofenden a alguien en un momento concreto.
  • Debemos ofrecerle términos alternativos a las palabras malsonantes que dice para que pueda expresar su enfado de otra forma.

Ahora bien, si la actitud persiste y resulta socialmente molesta, deberemos ser más firmes. Habrá que explicarles de forma seria que eso que dice es inadecuado y molesta a los demás. Y deberemos empezar a corregir la actitud cada vez que aparezca.

En esta línea, será necesario que en casa marquemos un límite claro basado en la norma de que no se puede perder el control del lenguaje. Y por supuesto, si esta situación se diese, los adultos que rodean al monstruito deberán hacer un esfuerzo por cuidar mucho los términos que emplean.

Sin embargo, y como os decía al principio, lo natural es que esta etapa desaparezca por sí sola. Así que mucha paciencia, templanza y caso omiso. Nunca nos vino mejor el refrán que dice: “a palabras necias, oídos sordos”.

Lo difícil viene cuando tu monstruita de cuatro años te dice: “Vale mamá, no puedo decir palabrotas. Lo he entendido. Pero, ¿puedo pensarlas?” Y se te vuelve a quedar la misma cara que al principio. 🤣🤣🤣

1 comentario en “¿Puedo decir palabrotas?”

  1. Una nueva fase en el desarrollo de los pocholos, un nuevo reto para los mayores que les rodean. Lo cierto es que, en ocasiones y ante sus fantásticas ocurrencias, es difícil no reirse ante sus salidas de tono, por lo que y añadido a los consejos expuestos en el artículo, no olvidemos darnos la vuelta y que no vean nuestras sorprendidas caras.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s