Lactancia

Monstruitos sí; lactantes también (parte II)

Lo prometido es deuda y puesto que algunas mamis me habéis preguntado, hoy os cuento mi segunda experiencia como mamá de un monstruito lactante. Muy distinta a la de su hermana pero igual de especial.

Antes de empezar y, al igual que os comenté ya en su día, simplemente me gustaría incidir en que esto que aquí os cuento es mi experiencia. Solo la mía. Esto que yo escribo no es un dogma ni es ley. Ya hemos dicho muchas veces que en esto de la crianza el respeto es un pilar básico. Así que cada mamá vivirá este proceso de una forma distinta. Y está bien que sea así.

Remontándonos a los inicios os diré que, si tu primera experiencia de lactancia ha sido buena es fácil afrontarla de nuevo. O, al menos, eso me pasó a mí con el monstruito C.

Como os contaba en este primer post, con la monstruita M tuve un inicio algo complicado porque desde el primer día ella resultó ser una bebé no demasiado glotona (a día de hoy sigue siéndolo). Pero, sin embargo, fui afortunada con respecto al agarre de la bebé. No se me hicieron grietas ni tuve dolor, más allá de algunas molestias al inicio de la toma.

Y con mi pequeño monstruito esto fue igual. Cuando el peque llegó, su hermana hacía un mes que se había destetado ella solita de forma natural. Así que digamos que mi cuerpo estaba muy hecho a la lactancia.

Resultó muy sencillo, como todo con él, la verdad. En cuanto le dejaron, el gordi acampó en mi pecho, se enganchó y allí pasaría plácidamente sus primeras horas.

Lo peor de esta segunda experiencia lactante fue, sin duda, los días de hospital. Como ya sabéis, el monstruito C nació contagiado por el CMV y eso implicó que yo me tuve que ir a casa antes que él. Quien ha pasado por esa situación sabe que no es nada fácil. Aún sabiendo que tu bebé se queda en las mejores manos, no son las tuyas. Son unos días tristes, en los que con mucha preocupación y ansiedad esperas a que llegue la hora en que te toca entrar para estar con tu monstruito querido…

Pero hoy no vengo hablaros de eso. La cuestión es que esa situación no favorece mucho la lactancia a demanda, la verdad. En los hospitales suelen organizar turnos cada tres horas para que las mamás alimenten a los bebés. Después, en las tomas de la noche, puedes optar por sacarte leche para que las enfermeras se la den o, si no tienes suficiente leche todavía, le darán fórmula.

Es por esto que muchos de los peques ingresados están abocados a la lactancia mixta. No todas las mamás tienen tanta leche los primeros días como para sacársela y dejar cantidad suficiente para dos o tres tomas más. Y mucho menos cuando no tienen a sus bebés pegaditos a ellas que es lo que más estimula la producción en la primera fase lactante. Pero bueno, como es normal, y aunque de mucha penita, en estos casos la prioridad es otra.

En mi caso, gracias a Dios, puedo decir que no resultó demasiado complejo, la verdad. Yo sí tenía suficiente leche como para dejar preparados los bibes de la noche. Y así lo hicimos. Durante el día, y después de cada toma, me sacaba leche para ir acumulando las tomas nocturnas. No es la situación idílica que una mamá se imagina pero es la que nos tocó.

Afortunadamente, después de una semanita, ya nos íbamos a casa con un monstruito muy comilón debajo del brazo.

Desde esos primeros momentos ya en nuestro hogar, todo mejoró muchísimo. El pequeño little C es un niño con mucho apetito y mucha curiosidad por la comida. Y de recién nacido era igual. Hacía tomas largas pero bastante espaciadas y en nada se convirtió en un bebé muy redondito, viniendo a silenciar voces y miedos pasados que dejaban entrever que a lo mejor, mi leche no servía. Otro mito más de la lactancia materna, porque por si no lo sabéis no llegan al 1% las mamás cuya leche realmente no es apta para su hijo o no tienen; se llama agalactia y es una situación muy poco frecuente.

Pero bueno, ya sabemos que teorías sobre la lactancia materna hay mil millones y que la mayoría de ellas son fruto del desconocimiento y/o la tradición popular. Lo mejor en caso de duda es consultar a los especialistas. Hoy en día hay mucha gente formada en el tema que nos pueden ayudar. (Si lo estáis pasando regu y necesitáis que alguien os eche una mano al final del post os dejo el contacto de una asesora de lactancia materna estupenda)

Como os iba contando, me resultó sencillo instaurar la lactancia materna con el monstruito C. Antes de que me diera cuenta, volvíamos a haber consolidado ese vínculo tan especial entre mamá y bebé que ya había vivido con su hermana.

Momentos íntimos en forma de binomio que no solo sirven para alimentar a tu hijo sino para aportarle toda la seguridad y el amor a raudales que los más pequeños necesitan. De verdad que tengo recuerdos preciosos de esos momentos. Ese tipo de recuerdos que siempre traen una sonrisa a la boca y le llenan a una el corazón de maripositas…

Así fueron pasando los meses hasta que llegó el momento de introducir la alimentación complementaria. Y no es baladí que se llame así, porque en realidad a partir de los 6 meses el resto de alimentos que les podemos introducir son eso, un complemento. Porque durante los dos primeros años del niño, el alimento base debe seguir siendo la leche. Esto no lo digo yo; esto lo determina la OMS y todas las Asociaciones de Pediatría.

En nuestro caso, el little monstruito durante el día tomaba pecho antes de la ingesta de otros alimentos y después, durante la noche, lactaba a demanda. Este ritmo lo pudimos mantener durante su primer año de vida. Al incorporarse a la escuela infantil tuvimos que prescindir de algunas tomas y poco a poco se fueron espaciando de forma natural. Al tiempo, nuestra lactancia quedó relegada a las tomas nocturnas o para esos días tontones en los que todos necesitamos un poco más de mimo. Pero pasarían muchos meses hasta que mi pequeño C dejara de pedir su “teti” de forma definitiva.

Veintiséis meses para ser exactos. Como os imaginaréis durante esos dos años y pico tuve que escuchar muchas cosas del tipo: “¿pero todavía toma pecho?” “¿No es ya muy mayor para la teta?” “Pero lo que te sale ya será agua, no?” Pero ya sabemos que aquí, en España, opinar de la vida ajena es deporte nacional. Mi consejo es el de siempre: no hagáis ni caso a este tipo de comentarios. Seguid vuestro instinto y las recomendaciones de los especialistas.

Y, ¿cuando dejaste de darle pecho? Pues os diré de hecho que el destete del peque fue bastante forzoso por una cuestión de salud mía. Nada grave, pero como muchos ya sabéis, las navidades pasadas tuve una lesión grave esquiando en el hombro. Una fractura subcapital de húmero con desplazamiento que me obligó a estar inmovilizada durante casi dos meses. Todo el aparataje que implicaba la lesión hacían inviable el acceso del monstruito al pecho.(Por no hablar del hinchazón y el dolor terrible de toda la zona). Así que de la noche a la mañana, tuvimos que interrumpir la lactancia.

Es verdad que me dio mucha penita, pero he de reconocer que por aquel entonces monstruito C ya solo lactaba para quedarse dormido y mi producción era cada vez menor. El pobre protestó un poco los dos primeros días y pedía su “teti”, pero dormir con su papá durante esas primeras noches le ayudó a conciliar el sueño de forma tranquila. Antes de que me diera cuenta el peque había dejado de pedir y yo había dejado de tener leche.

No fue un destete muy natural ni muy respetuoso, como el de su hermana que fue ella quien marcó su propio ritmo, pero a veces las circunstancias mandan. Y hay que adaptarse a ellas sin necesidad de que constituyan un drama, o al menos eso creo yo.

Así que esta es mi segunda experiencia como mamá de monstruitos lactantes. Espero que os haya servido que para eso la comparto. Y, como digo siempre, esto es solo mi vivencia. Hay mamás que lo viven de otra forma totalmente distinta y, por supuesto, es igual de respetable. Yo os lo cuento desde mi prisma porque para mí, han sido dos experiencias maravillosas y querría animar a aquellas mamis que dudan o que lo están pasando regular a qué persistan en ello porque creo que merece mucho la pena. Pero, ya sabéis, siempre desde el respeto.


Os dejo aquí el contacto de la asesora de lactancia que os menciono en el post. Os dejo su perfil de Instagram que yo creo que es lo más fácil para contactarla. Se llama Lorena y la podéis encontrar en Instagram en el perfil de @loresagapyc

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