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De vuelta…

Pues sí. Es una realidad. Septiembre ya está aquí y con él todas sus rutinas.

Mis adorables monstruitos ya han empezado el cole (ya hablaremos de esta vuelta tan atípica con más calma) y nosotros ya estamos trabajando a tope. De pronto, a casa han regresado los horarios, las obligaciones y las rutinas. Y la foto del post se me antoja irremediable lejana.

Sin embargo, lo importante es que empezamos con muchas ganas y muy buen sabor de boca. A pesar de haber sido un veranito un poco raro, lo hemos disfrutado un montón. Y eso es fundamental. Atesorar en nuestra cajita de recuerdos todos los buenos momentos que hemos pasado para cuando la rutina se haga un poco pesada seamos capaces de echar la vista atrás y sonreír.

Pero además, este nuevo curso me he planteado un nuevo propósito. Y este es: “tomarme las cosas con calma”. Puede parecer una nimiedad, pero para mí no lo es y os lo voy a explicar.

Durante el confinamiento, al suspenderse todas nuestras rutinas diarias, nos vimos obligados a reorganizar muchos de nuestros esquemas vitales. Y esto, que al principio me pareció muy desconcertante, al final resultó ser una estupenda lección de vida.

Durante aquellos meses tuvimos que aparcar las prisas para simplemente “estar”. Estar con los nuestros; estar en casa, en nuestro hogar. Estar con nosotros mismos. Estar presentes. Por un tiempo dejé de ir corriendo a todos lados sin apenas apreciar el significado de las cosas para pasar a disfrutar de la cotidianidad del día a día con todo el tiempo y el sosiego del mundo. Total, el reloj dejó de marcar las obligaciones. Y aunque al principio no fue fácil, acabé por cogerle gusto a este slow life tan peculiar que invadió nuestra casa aquellos días.

Obviamente soy consciente de que con la vuelta a la “normalidad” esto no se puede mantener. Las obligaciones son las que son y los horarios y las rutinas son inevitables y además, desde mi punto de vista, necesarios. Pero la gestión que hago ahora del tiempo ha cambiado. He aprendido a desprenderme de extras que solo me estresaban. Ahora quiero ir más tranquila y dedicar mi tiempo a las cosas realmente importantes.

Y me voy a proponer mantenerlo. Quiero ir más relajada. No solo por mi bienestar (que por supuesto) sino por el de los monstruitos también. Ellos lo van a agradecer un montón, estoy segura. Si yo estoy menos estresada ellos también estarán mejor, porque si hay algo que tengo súper claro es que ellos son esponjas de nuestros estados de ánimo. Además, todo resulta más fácil cuando uno está tranquilo, ¿no creéis?

Así que sí: este es mi propósito. Tomarme las cosas con calma y darle un hueco a lo que realmente lo merezca. Lo demás, es accesorio.

Y una vez que os he contado mi propósito de curso, ya solo me queda animaros a que os quedéis conmigo por aquí. Tengo mil cosas que contaros, cientos de batallitas para reírnos y muchas reflexiones para emocionarnos un poquito.

¡Ya estamos de vuelta!

1 comentario en “De vuelta…”

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